La nación

Obama golpea, pero no remata

24 Octubre 12 – – César Vidal / Enviado especial a las elecciones de Estados Unidos

Una vez más, el enfrentamiento entre los candidatos a la presidencia de EE UU no defraudó. Celebrado en la Universidad de Lynn, en Boca Ratón, Florida, a escasa distancia de Miami bajo la dirección de Bob Schieffer –un veterano moderador– su temática se centraba en torno a la política internacional aunque ambos candidatos no perdieron ocasión de intentar intercalar referencias a la situación interna. Comenzando por el «cambiante Oriente Medio», Romney señaló que Al Qaeda era una enorme amenaza para EE UU y que se trataba de una zona del mundo digna de preocupación por lo que sucedía en naciones como Libia, Mali, Siria o Irán. Se trataba de una descripción peculiar porque, al menos, dos de las naciones no están situadas en Oriente Medio. No quiso, sin embargo, aprovechar Romney la referencia a Libia para cargar contra el presidente quizá por miedo a que se le acusara de no apoyarle por razones electoralistas.

Obama aprovechó para señalar todos los tantos conseguidos durante su mandato, desde la muerte de Bin Laden a la disminución del poder de Al Qaeda o la posibilidad de retirada en Afganistán. Pero, sobre todo, de paso que recordaba la alianza con Israel, Obama agradeció a Romney que se hubiera dado cuenta de que Al Qaeda era un peligro y ya no dijera que Rusia era el enemigo número uno. El moderador introdujo la cuestión siria. El tema no favorecía a Romney que no podía defender una intervención militar y, por lo tanto, ir más allá de apoyar lo hecho por Obama. Preguntó el moderador al presidente si lamentaba haber instado a Hosni Mubarak a abandonar el poder. Obama respondió con un no tajante, ya que está a favor de la democracia. Con todo, insistió en que seguiría presionando a Egipto para que respetara a las minorías religiosas, a las mujeres y a Israel.

Romney señaló que su deseo es que el planeta sea más pacífico, pero que semejante circunstancia exige una fuerza de EE UU que requiere aumentar los gastos militares y una buena marcha de la economía. Obama no rehuyó el paso a la política interior para indicar que una América más fuerte resulta indispensable, pero que eso implica tomar las decisiones adecuadas en educación o en la defensa de los pequeños negocios, algo que Romney no había hecho en Massachusetts. El moderador intentó reconducir el debate planteando, sin embargo, a Romney cómo iba a equilibrar el presupuesto si aumentaba el gasto militar. El candidato republicano respondió de manera resuelta que eliminando el «Obamacare» y entregando el Medicare a los estados. El presidente aprovechó para señalar que los mandos militares no pedían el aumento del gasto porque se gasta en defensa más que las diez siguientes potencias del mundo, incluidas China y Rusia.

Si la pretensión de Romney es aumentar en dos billones de dólares el gasto militar y reducir en cinco los impuestos de los más acomodados, difícilmente le iban a salir las cuentas. Pero reiteró que su experiencia demuestra que sabe equilibrar un presupuesto, pero ya le había otorgado a Obama el tanto de oro de la noche. Además, Obama aprovechó para decir que el republicano no tenía ni idea de cómo funcionaba el Ejército al afirmar que la Marina tenía menos barcos que hace años porque también las Fuerzas Armadas contaban con menos «caballos y bayonetas» y eso no significaba que fueran más débiles. En el siguiente tema, las líneas rojas entre Irán e Israel, Romney tenía poco terreno en el que moverse más allá de insistir en que veía la acción militar como último recurso.

Trató el candidato republicano de colgar sobre Obama la acusación de haber pedido disculpas por la política exterior de EE UU, pero la ocasión la revirtió el demócrata para afirmar que no sólo no era verdad, sino que además Romney invertía en fondos de inversión con empresas chinas. Igualmente jugaba con ventaja Obama en temas como Pakistán –donde las fuerzas americanas abatieron a Bin Laden– o Afganistán, de donde prometió que las tropas saldrían tras una prolongada guerra. Obviamente, Romney ni podía minimizar la muerte del responsable del atentado de las Torres Gemelas ni tampoco abogar por una mayor permanencia en Afganistán. El último tema tratado –China– volvió a constituir una baza de antemano para Obama. Ambos insistieron en que la potencia asiática podía ser una aliada siempre que respetara las reglas, pero el demócrata pudo señalar cómo su Administración –en contra de Romney– había entablado acciones judiciales contra China que habían salvado empleos y cómo no era favorable a aquellos que, como el republicano, invierten en empresas que, en territorio chino, no pagan impuestos al fisco norteamericano y además se llevan puestos de trabajo. En la conclusión final, Obama se refirió a los progresos realizados durante su mandato y en los retos futuros y Romney apeló a la esperanza de que América regresara. El debate, por un ligero margen, lo había ganado Obama, entre otras razones porque la capacidad de maniobra del republicano era muy limitada. La CNN daba a Obama la victoria por un 48% frente al 40 de Romney y la CBS otorgaba un 53% al demócrata frente a tan sólo un 23 del republicano. Con todo, Romney demostró que es un rival de considerable peso. Las elecciones siguen en el aire.

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