La nación

Obama reivindicará su legado en su despedida del Congreso

11 de enero de 2016 – Agencias.

Será su último discurso del Estado de la Unión, el cartucho final de Barack Obama ante el Congreso para defender su gestión. Echará mano de sus buenas dotes de oratoria, aunque en esta ocasión sus palabras no irán dirigidas a los legisladores (de mayoría republicana) para buscar consenso y pedir unidad para sacar adelante sus propuestas legislativas, sino que será un discurso claramente enfocado a los estadounidenses de cara a las elecciones presidenciales de noviembre. Metidos ya de lleno en la precampaña electoral, los estadounidenses muestran cierto rechazo a Obama, algo que tienen en común los presidentes salientes. Es más, el 68% del electorado, según «The New York Times», piensa que Obama deja un país peor de que el se encontró en 2008. Según fuentes de la Casa Blanca, el «speech» del presidente será un balance de su gestión durante estos ocho años, con el que buscará el golpe de efecto justo para competir con el circo en el que se han convertido las elecciones primarias, sobre todo en el bando republicano.

Obama firma el decreto por el que se aprobaba la reforma sanitaria, uno de sus grandes triunfos como presidente, el 23 de marzo de 2010.

Obama firma el decreto por el que se aprobaba la reforma sanitaria, uno de sus grandes triunfos como presidente, el 23 de marzo de 2010.

Obama se encuentra en un lugar muy diferente al que había pensado en un principio para el final de su Presidencia. Se marcó como objetivo poner fin a su presencia en Irak y Afganistán. Así inició, de hecho, su discurso el año pasado. Sin embargo, sus tropas siguen presentes en ambos países. Además, se ha visto obligado a llevar una lucha encubierta, precisamente en Siria e Irak, contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI), dando luz verde a liderar una coalición con resultados poco esperanzadores. Incluso, el presidente ha tenido que hacer frente al ataque de San Bernardino, el primer atentado en nombre del EI en territorio estadounidense.

Otra de las vergüenzas que tratará de ocultar será el prometido cierre de Guantánamo. Sin embargo, Obama espera que su discurso, en el que ha trabajado con su equipo de redacción hasta el último minuto, sea capaz de cautivar a los estadounidenses con un mensaje de unión. El problema es que la distancia entre lo que quiere que sea Estados Unidos y la realidad nacional y política es mayor que nunca. De igual modo, Obama se enfrenta a un país muy dividido en la cuestión de las armas, reforma migratoria y refugiados de Oriente Medio. A esto se añade que sus victorias políticas del año pasado, como el acuerdo nuclear con Irán y la reanudación de relaciones con Cuba, han dado munición a los republicanos para cargar contra el líder demócrata. Una división que se hace mayor cuando Washington tiene que abordar los asuntos de guerra y terrorismo, que dominarán la agenda del presidente en los próximos meses.

A pesar de los claroscuros de su gestión, Obama apostará por sacar pecho ante sus logros. En primer lugar los económicos. El paro se ha reducido hasta el 5% durante sus ocho años en la Casa Blanca y con su reforma sanitaria, más de diez millones de estadounidenses tendrán acceso a este servicio. También hará hincapié en su «decretazo» contra el uso de armas en Estados Unidos aprobado recientemente y que busca reducir las 30.000 muertes anuales por esta causa. El histórico acuerdo sobre el cambio climático también contará en su haber, así como los avances en los tratados de libre comercio con el área del Pacífico y la Unión Europa.

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