La nación

Objetivo Trump: el «Obamacare» y las ayudas al cambio climático

22 de octubre de 2016 – Nueva York – Agencias.

El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, eligió la histórica ciudad de Gettysburg (Pensilvania) para presentar ayer su plan de gobierno para los primeros 100 días. Precisamente, en este mismo enclave fue donde el presidente republicano Abraham Lincoln ofreció su famoso discurso en noviembre de 1863 en su intento de unir a los estadounidenses durante la guerra civil. Un guiño, sin duda, a la fuerte división que su candidatura ha generado entre los votantes conservadores, gran parte de ellos desencantados por los escándalos del magnate.

El candidato republicano, Donald Trump, ayer, en Gettysburg, Pensilvania.

El candidato republicano, Donald Trump, ayer, en Gettysburg, Pensilvania.

Como ya viene siendo habitual, comenzó su discurso con crtíticas a su rival demócrata, Hillary Clinton, a Washington, Wall Street y a los medios de comunicación. «No está compitiendo contra mí, está compitiendo contra el cambio y contra todos los ciudadanos estadounidenses», indicó Trump.«No soy un político. Pero, cuando vi todos los problemas en los que estaba metido nuestro país, supe que tenía que actuar», sentenció el magnate. Pronto se refirió también a todas aquellas mujeres que hasta la fecha le han acusado de abusos sexuales. «Las voy a demandar en cuanto llegue a la presidencia. Son unas mentirosas», aseguró el republicano en la que fue la respuesta más contundente hasta la fecha contra las féminas que supuestamente han sufrido el zarpazo de Trump.

Pero, sin duda, las miradas estaban puestas en cuáles serían las medidas más urgentes que el empresario aprobaría en caso de llegar al Despacho Oval. Un decálogo con el que muchos esperaban que el multimillonario dejara de lado su imagen más frívola por otra más de estadista. La jugada no le salió bien del todo, pues como siempre, su verborrea le llevó por senderos intransitalbes. Presentó a modo de batallón una serie de medidas que apelaban a la base de su electorado, aquellos que no confían en los políticos del «establishment» y que todavía se resienten de los efectos del derrumbe financiero de 2008. En primer lugar, prometió que limitaría los mandatos de los legisladores en Washington, cambiaría la ley para que los ex funcionarios de la Casa Blanca no puedan trabajar para los «lobbies» inmediatamente después de abandonar la Administración, reduciría los impuestos, limitaría las regulaciones federales e impulsaría los acuerdos comerciales con otras naciones, entre otras propuestas.

El empresario también recordó su iniciativa de construir un muro entre Estados Unidos y México («financiado por EE UU pero reembolsado por México», según Trump) junto con la prohibición de entrada a los inmigrantes de países con lazos terroristas.

Entre sus propuestas, además, hizo hincapié en la necesidad de reemplazar el «ObamaCare», la reforma sanitaria del presidente Barack Obama, piedra angular de la primera campaña presidencial del demócrata. A la misma, le declararon la guerra los republicanos del Congreso, y le costó a Obama la mayoría en la Cámara de Representantes.

El magnate neoyorquino subrayó además que «cancelará miles de millones en pagos a los programas de cambio climático de Naciones Unidas» y los utilizará para financiar proyectos domésticos.

Este batallón de medidas populistas no fueron sino un refuerzo positivo a todos aquellos que han apoyado la candidatura de un «outsider» como Trump, de aquellos cansados con el sistema y enemigos de la vieja política. Aunque en el poso de su discurso se escondía también una llamada inteligente hacia el denominado votante oculto que no se atreve públicamente a manifestar su apoyo al controvertido magnate, pero que comulga con su ideario. Éstos bien podrían ser la clave del éxito de Trump frente a Clinton. Precisamente ayer, una nueva encuesta realizada por Reuters confirmó que la ventaja de la demócrata se estrecha. Clinton conseguiría un 44% de los apoyos y Trump el 40%. Muy lejos de los 11 puntos de diferencia con el que comenzaron la carrera electoral una vez que ambos fueron nominados en sendas convenciones en julio.

Las encuestas bien han demostrado su fragilidad en los últimos acontecimientos políticos. No sólo se equivocaron en el resultado del Brexit o el referéndum de paz en Colombia sino que, en el caso de las elecciones generales de Reino Unido ninguna vaticinaba una mayoría absoluta para David Cameron que luego obtuvo. Por este motivo, en la campaña de Trump nadie tira la toalla. El electorado de Trump es muy visceral. Tiene la sensación de que la economía y los cambios culturales de Estados Unidos les han dejado fuera del país. Los comentarios y controversias del magnate preocupan a las élites de Estados Unidos, pero no afectan a la decisión de los votantes que han sufrido con la crisis de 2008, denominada «Gran Recesión». Trump tiene una base electoral, que representa el 40% del electorado, al que no le importa el apoyo de los medios de comunicación. De hecho, al revés, no confían en los periodistas. Según los estudios de Gallup, a juicio de estos votantes son todos iguales: grandes empresas, televisiones, bancos y políticos.

«Quiero dirigirme a esas personas que estos días reflexionan sobre su apoyo a mi oponente. Sé que tenéis todavía ciertas dudas sobre mí y quiero que sepáis que las quiero responder», indicó Hillary Clinton en un mítin electoral en Cleveland (Ohio), estado fundamental para ganar las elecciones después de que se revelase que el electorado que ha votado allí por correo prefiere a Trump. Ha ocurrido lo mismo en Iowa y Georgia. Al mismo tiempo, según la información recopilada por la agencia Associated Press de este voto por correo, muestra que Clinton gana en Carolina del Norte y Florida. El problema de la ex secretaria de Estado es que se muestra incapaz de llegar a cierta parte del electorado, especialmente jóvenes y mujeres. «Me avergüenza que nuestro país no tenga mejores candidatos. Pero, por lo menos, Trump nombrará jueces a la Corte Suprema más conservadores. Clinton está a favor del aborto, y a mí, no me gusta eso», justificó Evelyn Brendemuhl, de 83 años. «Quiero ver algo diferente a lo de los anteriores ocho años en la Casa Blanca», añade Gary Taylor, de 59 años, desde Colorado.

El magnate se ceba con la primera dama

Se ve que el magnate ha cambiado de estrategia y ahora centra sus críticas en la pareja presidencial. Antes de partir hasta Pensilvania, en Fletcher, Carolina del Norte (en la imagen), Trump dio un discurso en el que lamentó que Estados Unidos estuviera gobernado por «un grupo de perdedores y de bebés». El candidato republicano acusó a la Primera Dama, Michelle Obama, de estar haciendo campaña por su rival demócrata, Hillary Clinton. Trump fue más allá y dijo tener claro hasta qué punto a Michelle «le gusta mucho Hillary. ¿Pero no fue ella quien dijo que ‘‘si no puedes cuidar de tu casa no eres capaz de cuidar de la Casa Blanca o cuidar del país?’’». Según el multimillonario, fue la esposa del presidente Obama quien «comenzó con eso. Nosotros no podemos decir eso, es demasiado bajo. Pero ella lo dijo, y ahora nadie habla ya de eso», dejó caer Trump.

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