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Occidente corta la ayuda militar a los rebeldes sirios

11 de Diciembre de 2013 – Ethel Bonet-Corresponsal en el mundo árabe . 

Miembros del Ejército Libre de Siria caminan por la ciudad de Alepo, donde ha llegado la nieve. Reuters

Miembros del Ejército Libre de Siria caminan por la ciudad de Alepo, donde ha llegado la nieve. Reuters

Los rebeldes sirios dejarán de recibir ayuda no letal, como chalecos antibalas o gafas de visión nocturna, después de que yihadistas se hayan hecho con varios arsenales del Ejército Libre de Siria (ELS). Esta decisión fue tomada ayer por Estados Unidos y también por Reino Unido, principales donantes a la oposición siria tras los países del Golfo. La Administración de Obama está donando una ayuda de alrededor de 250 millones de dólares (190 millones de euros), que también incluye armamento militar de protección. Por su parte, Reino Unido otorga más de 32 millones de dólares (24 millones de euros) en material no letal, incluidos vehículos todoterreno, chalecos antibalas, generadores, equipos de comunicación, purificación de agua y protección contra ataques químicos. El material militar del que disponen los rebeldes en sus cuarteles procede, en su mayoría, de estas ayudas internacionales, ya que su soporte militar es más bien escaso si se compara con los arsenales del Ejército de Bachar al Asad. Una de las mayores preocupaciones de Occidente a la hora de armar o no a los rebeldes sirios ha sido precisamente que estas armas pudieran caer en manos de islamistas radicales como los terroristas de Al Qaeda que operan en el país desde el levantamiento de 2011. No obstante, fuentes no oficiales sí han informado sobre el suministro de armas o entrenamiento militar a los rebeldes del Ejército Libre de Siria, o el Consejo Supremo Militar, en territorio jordano.

«Obviamente, estamos muy preocupados», aseguró ayer el portavoz de la embajada norteamericana en Turquía. También indicó que el Departamento de Estado está trabajando con los opositores moderados para hacer «un inventario sobre las características del equipo y los recursos de Estados Unidos» enviados a los grupos moderados. Desde la Casa Blanca, el portavoz Josh Earnest confirmó que se suspendían los envíos de material no letal a Siria, aunque insistió en que la ayuda humanitaria no se verá afectada por este giro. Por su parte, Reino Unido vinculó la suspensión de la ayuda militar a los ataques de la madrugada del miércoles a las sedes militares del Ejército Libre de Siria. El secretario de Estado británico para Oriente Medio, Hugh Robertson, consideró, en declaraciones a la cadena BBC, que la «situación en Siria se ha vuelto en extremo compleja». «Lo que al principio era un conflicto entre el Gobierno y los rebeldes se ha convertido en una serie de conflictos», preciso Robertson.

El tablero sirio ha dejado de ser en exclusiva un conflicto de liberación entre una oposición de corte laico contra el régimen autoritario para incluir una guerra sectaria en la que los yihadistas internacionales de corte suní tratan de derrocar a la elite alauí (una secta de la rama chií) a la que pertenece la familia de Bachar al Asad. Por desgracia, desde hace casi un año, los yihadistas controlan prácticamente el norte del país, con la frontera con Turquía, por donde entran las ayudas no letales internacionales. Desde hace unos días un nuevo grupo radical, el Frente Islámico, formado por varias facciones islamistas, se ha hecho con el control de los almacenes y cuarteles del Ejército Libre de Siria, cerca del paso de Bab el Hawa, que separa la provincia siria de Idlib de la turca de Antioquía.

Toda esa ayuda, que también incluye comida y medicinas, está ahora congelada en la zona del norte del país, bajo control de los rebeldes.

El Frente Islámico, que pretende establecer una teocracia en Siria, se formó hace un mes por siete de las principales facciones rebeldes islamistas. El Frente Islámico cuenta entre sus filas con más de 45.000 combatientes. Este grupo, que busca la implantación de un Estado islámico de corte suní, para lo que necesitan terminar con el presidente Asad, no incluye a los dos principales grupos afilados a Al Qaeda, el Frente al Nusra y el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL), pero en su carta fundacional dan la bienvenida a los muyahidines o a los combatientes extranjeros. A éstos los definen como «hermanos que respaldan la yihad» y se muestran dispuestos a cooperar con ellos».

El portavoz del Ejército Libre de Siria, Loay Meqdad, aseguró ayer que el Frente Islámico colocó su bandera en el lugar de la del ELS y pidió a su personal que se marchara. El Observatorio para los Derechos Humanos en Siria, un organismo activista establecido en Londres, estimó que el Frente Islámico podría tener en su mano decenas de municiones antiaéreas y misiles antitanque.

No son tanto las capacidades militares del Frente Islámico lo que preocupa a Occidente, sino la ilustración de que su toma de control de las bases rebeldes en el norte de Siria es una demostración de la pujanza islamista en pro de los moderados dentro del heterogéneo bloque que combate contra Bachar al Asad. El ELS teme ahora más que nunca que su país quede en manos de los terroristas yihadistas. Occidente observa los movimientos desde la barrrera.

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