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«Oí 20, 40, 50 disparos… y la música se detuvo»

12 de junio de 2016 – Agencias.

«Gente, salid de Pulse y echad a correr», escribó Pulso a través de su página de Facebook. Eran las dos de la mañana del sábado y en el local, uno de los referentes de la escena gay de Orlando, había fiesta latina. «Todos se estaban tomando la última copa», ha recordado Rob Rick. «Oí 20, 40, 50 disparos… y la música se detuvo», comentó Jon Alamo. Rick se tiró al suelo y gateó hasta la cabina del DJ., donde Ray Rivera ponía música. Éste recordó ayer ese momento: «Oí disparos y bajé el volumen de la música para estar seguro de lo que había oído. Al principio pensé que eran petardos… Hasta que me di cuenta de que alguien estaba disparando. Oí unos 40 disparos desde la sala principal. Salí corriendo entre varios cuerpos y pude escapar por una puerta lateral. Todo era un caos, con la gente tratando de escapar».

Unas 320 personas quedaban en el local, uno de los establecimientos más populares de Orlando, minutos antes de cerrar sus puertas.

Unas 320 personas quedaban en el local, uno de los establecimientos más populares de Orlando, minutos antes de cerrar sus puertas.

Ricardo J. Negrón, por su parte comentaba que «algunos de los que estábamos cerca de la barra y de la parte trasera de la sala nos las apañamos para salir por la terraza y, simplemente, corrimos». J. Negrón destacaba asimismo pocas horas después del ataque la colaboración de la gente, cómo había llegado a casa gracias a otro de los asistentes, que se había ofrecido en esos momentos de angustia a llevarles, a él y a otras tres personas, a sus casas: «Estaré en deuda siempre con él».

El hijo de Helene Royster se encontraba ya fuera del establecimiento cuando comenzó la matanza. Sin embargo, cuenta, dos de sus amigos habían vuelto a entrar para pagar lo que se habían gastado durante la velada. Uno recibió tres disparos; el otro seguía desparecido al cierre de esta edición. Helene describió la llamada de su hijo con estas palabras: «Estaba llorando y gritando y me dijó ‘‘Mamá, hay cadáveres’’. No sabía qué pensar, así que cogí enseguida el coche con mi marido y fuimos a buscarle».

Otros no tuvieron la suerte del hijo de Helene, y se vieron encerrados en Pulse hasta que intervinieron los equipos de las fuerzas especiales. Brandon Wolf describía en Twitter cómo se había escondido en los baños y no podía localizar a sus amigos. Mina Justice, madre de Eddie, uno de los que formaba parte del público de la fiesta, compartía los escalofriantes mensajes que se había visto obligada a intercambiar con su hijo mientras éste permanecía escondido en el servicio de mujeres de la discoteca: «Estoy en el club, están disparando»/«¿Estás bien?»/«Atrapado en el baño»/ «¿Qué club?»/«Pulse, en el centro. Llama a la Policía». Después Mina le escribía las instrucciones de los agentes, que le recomendaban encarecidamente permanecer donde estaba y le preguntaba si había heridos. «Está aquí, nos va a matar», fue el último mensaje que recibió. Horas después Mina no sabía todavía nada de Eddie.

También se vivieron momentos de tensión en el cercano Centro Médico Regional de Orlando. Hasta allí se acercó el reverendo Nancy Oliver, que comentaba a un medio local cómo se había hecho con café y agua para repartirlo entre los amigos y familiares de las víctimas: «He rezado con algunos. He escuchado las historias de otros. Eso es todo lo que se puede hacer. Estar aquí». a lo que añadía: «Me esfuerzo en pensar que el mundo es bueno. Pero cuando te encuentras en una situación así te preguntas qué es lo que está pasando».

De refugio homosexual a local de moda

Seguía la “Fiesta latina”. Ya casi a punto de terminar. Ya a algunas drags (por las drag queen) les sobraban desde hace horas los taconazos que se habían puesto para la noche. En las tres pistas de baile, se seguía a ritmo de reggaeton, bachata, merengue y salsa. Hasta ayer “Pulse” era uno de los clubes nocturnos más conocidos de Estados Unidos sobre todo en la comunidad gay latina, donde justo con la afroamericana, cuesta más “salir del armario” debido al conservadurismo y machismo de estas dos comunidades. No, en “Pulse” donde cada uno podía ser quien quería ser. Ahí, como en todos los bares y clubes nocturnos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, se estaba a salvo de cualquier ataque, mala cara o comentario. Estos podían venir por parte de las “drags”. Pero, por otras, razones. Te podían criticar por ir mal vestido, tener cara de estirado o por sobrarte unos kilos de más. Pero, nada más. Todavía así, en “Pulse”, casi todo el mundo tenía siempre buen aspecto tras haber trabajado los músculos en el gimnasio durante toda la semana. Sí es cierto que ayudaba que la luz estaba siempre baja en la zona de las barras, donde lo que más destacaba eran las iluminaciones rosas.

“¿Vas a ir al “pride” de Nueva York?”, se preguntaban entre las conversaciones de la noche sobre las fiestas que hay entre el 20 y 26 de junio. De todas la mejor, quizá por ser la más grande, es la de Manhattan.

Todavía así, desde “Pulse” en Orlando, uno de los mayores clubes de gays nocturnos del país, se suele mirar con desdén a Nueva York. “¿Quién necesita aguantar los aires neoyorquinos estando en “Pulse”?”, se preguntan muchos. La semana que viene en un principio estaba programado el “Orgullo dominicano” con la drag queen Lila y más sorpresas en una noche más en “Pulse”.

Fundado en 2004, se ha convertido en uno de los lugares más destacados de las guías de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales más destacadas. Antes un lugar seguro para tomar una copa, bailar y ¿por qué no? también ligar, ahora era un lugar para pasarlo bien, conforme es más natural para las nuevas generaciones su condición de homosexual, que al menos en ciertas zonas de Estados Unidos ya no tienen que “salir del armario”.

Este ataque, atentado terrorista, une diferentes aspectos de los debates nacionales en Estados Unidos. Es una agresión contra la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, en particular contra la latina, cuya comunidad frecuentaba en su mayoría este lugar. Es el tiroteo más sangriento en la historia de Estados Unidos. Con ello, devuelve la pregunta sobre si se tiene que reducir el acceso a las armas. Y plantea dónde se libra la lucha contra el terrorismo, ya que es el peor ataque en Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001.

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