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Oportunidad para la paz en Ucrania

Moscú – Víctor Colmenarejo – Agencias.

Más de 15 horas de reunión en Minsk les llevó a los presidentes Vladimir Putin, François Hollande, Petro Poroshenko y la canciller Angela Merkel a acordar una nueva oportunidad para la paz en Ucrania. A la salida de las negociaciones, el líder ruso, en solitario y sin mucho entusiasmo, reconoció que no había sido la mejor noche de su vida, pero que al menos se había alcanzado un acuerdo en lo más importante. Se refería al alto el fuego incondicional, que debe servir para detener el baño de sangre en el que estaba derivando el conflicto en las últimas semanas. Aunque la tregua no entra oficialmente en vigor hasta el domingo, las autoridades de Lugansk afirmaron que no hubo muertos durante la pasada noche y el Ejército constató una considerable reducción del fuego de artillería de las milicias.

Milicianos prorrusos se tapan los oídos tras lanzar morteros contra el Ejército ucraniano en Sanzharivka el miércoles.

Milicianos prorrusos se tapan los oídos tras lanzar morteros contra el Ejército ucraniano en Sanzharivka el miércoles.

El alto el fuego es el primer punto de un protocolo de trece que acordaron los mandatarios y sustituye al que fracasó en septiembre. El documento fue firmado posteriormente por el «grupo de contacto», en el que participan los líderes de las repúblicas autoproclamadas, que también viajaron ayer a la capital bielorrusa. «No fue nada fácil, de hecho se nos plantearon todo tipo condiciones inaceptables: concesiones y retiradas», comentó Poroshenko a la salida, en referencia a la situación en Debaltsevo. La localidad, importante nudo ferroviario entre las capitales de las repúblicas, ha sido el principal escenario de enfrentamientos en las últimas semanas, cuya intensidad aumentó según se acercaba la hora de la cumbre. Las milicias aseguraron el martes haber cercado a entre 6.000 y 8.000 soldados ucranianos que se encuentran en la localidad y les exigen su rendición y retirada, pero el alto mando del Ejército desmiente que se haya cerrado el cerco y se niega a entregar la ciudad.

«Los separatistas parten de la idea de que los militares que allí se encuentran depondrán las armas. Sin embargo, los representantes del Gobierno ucraniano consideran que no hay cerco y que todo será muy fácil. Tengo mis dudas», comentó Putin. El asunto es importante en tanto que condiciona uno de los puntos del protocolo la creación de una zona desmilitarizada, pues Debaltsevo supone una incómoda lengua de 20 kilómetros de territorio controlada por el Ejército dentro de la zona separatista, como en su día lo fue el aeropuerto de Donetsk, que en los combates por su control saltó por los aires la anterior tregua.

Otros puntos del documento firmado son la retirada de armamento pesado a una distancia de entre 50 y 140 kilómetros de la línea de demarcación (en función del tipo de artillería y su alcance), el intercambio de prisioneros y el levantamiento del bloqueo económico de Kiev a la región de Donbás, que había congelado cuentas bancarias y no pagaba pensiones. La cita en Minsk habían generado unas expectativas muy altas dada la implicación directa de Hollande y Merkel, que hablaban de «la última oportunidad para evitar la guerra». Quizá por eso, y a pesar del alto el fuego pactado, el sentimiento a la conclusión era agridulce.

El documento acordado supone en la teoría un importante punto de referencia en el camino hacia una paz en Donbás, pero hay dudas razonables sobre su aplicación práctica. No deja de ser un texto ambicioso, muy similar al que se acordó en septiembre y fracasó y las posturas no están ahora más cercanas que entonces. No lo están en los asuntos militares inmediatos, como Debaltsevo, mucho menos en los asuntos políticos de calado, los únicos que pueden conducir a esa deseada paz estable y duradera. El nudo gordiano lo conforman el modelo de Estado ucraniano y el grado de autonomía que se concede a las regiones separatistas. En una declaración conjunta, los cuatro presidentes hicieron hincapié en el respeto a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, si bien, según recoge el protocolo, Kiev debe decidir en un plazo de 30 días sobre el estatus de Donetsk y de Lugansk, además de acometer antes de que termine el año una reforma constitucional hacia un modelo descentralizado. A pesar de lo cual, Poroshenko advirtió a la salida de la cumbre que «Ucrania permanecerá como un Estado unitario, no habrá federalización ni nada parecido». Lo que sí celebró el presidente fue otro de los puntos del protocolo, el que se refiere a la retirada de mercenarios extranjeros y el control de la frontera con Rusia, que los separatistas deben ceder a Kiev después de celebrar elecciones municipales bajo legislación ucraniana. El acuerdo de septiembre ya contemplaba la convocatoria de dichos comicios, pero los separatistas incumplieron ese punto, celebrando unas elecciones sin observadores y al margen de la legislación ucraniana, motivo por el que Kiev no reconoce ahora como interlocutores válidos a los líderes de las repúblicas autoproclamadas.

«Desgraciadamente, las autoridades de Kiev hasta ahora se niegan a mantener contactos directos con los representantes de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. A pesar de que no están reconocidas, hay que partir de la vida real, y si quieren conseguir un acuerdo duradero y construir relaciones hay que mantener contactos directos», lamentó Putin.

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