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¿Por qué quieren cerrar los colegios financiados por Mark Zuckerberg y Bill Gates en Uganda?

26 de noviembre de 2016 – Agencias.

Un forcejeo legal entre las autoridades de Uganda y una cadena internacional de colegios con ánimo de lucro hizo que esa organización recibiera la orden de cerrar sus puertas en ese país, en cuestión de semanas, dejando la vida de miles de estudiantes en el limbo.

La Alta Corte de Uganda describió a las Bridge International Academies (BIA, por sus siglas en inglés), financiadas por personas como el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, como antihigiénicas y no calificadas y ordenó que cierren sus puertas en diciembre, porque ignoró los estándares nacionales de Uganda y puso en riesgo la vida y la seguridad de sus 12.000 estudiantes jóvenes.

uganda-bridge-international-academiesEl Director de los Estándares en Educación del Ministerio de Educación y Deportes de Uganda, Huzaifa Mutazindwa, le dijo a CNN que las guarderías y escuelas de primaria no tenían licencia para funcionar, que sus profesores no estaban calificados para ese trabajo y que no había registro que demostrara que sus hojas de vida habían sido aprobadas.

“El Ministerio no sabe lo que se está enseñando en esos colegios, lo que preocupa al Gobierno”, dijo Mutazindwa.

Al proveedor de educación a bajo costo, que tiene 63 instituciones educativas en toda Uganda, se le permitió quedarse en ese país hasta el próximo 8 de diciembre, para que los estudiantes puedan presentar sus exámenes y terminar su tercer periodo académico. Esto, luego de que BIA obtuvo una medida cautelar por parte de la Corte que evitaba que el Gobierno cerrara sus colegios hasta que el caso principal para que pudieran quedarse en el país no llegara al alto tribunal.

BIA -que maneja más de 400 guarderías y escuelas primarias en toda África- ha negado constantemente las acusaciones hechas por el Gobierno de Uganda.

“Hay mucha desinformación y muchas acusaciones poco serias e infundadas. Nos gustaría tener la oportunidad de explicarnos (…) El Ministerio no ha querido darnos una audiencia para aclarar las cosas”, le dijo a CNN el director de BIA en Uganda, Andrew White.

En un comunicado, BIA envió respuesta a ocho de las acusaciones hechas a sus operaciones. Dice que enseña el currículum de Uganda, que todos los colegios tienen buenos servicios sanitarios y que la mayoría de sus profesores están certificados y registrados. Y aquellos que no lo están, asegura, se encuentran en entrenamiento.

Al preguntársele porqué se hicieron esas denuncias si no son ciertas, White responde: “Sentimos que, definitivamente, nos han presionado muchísimo para adoptar un punto de vista sobre el sistema Bridge que es muy negativo”.

También sugirió que la oposición en contra de BIA se debía a que sus instalaciones competían con colegios locales, tanto estatales como privados. “No creo que el Gobierno esté siendo amenazado por Bridge, pero creo que algunos grupos de lobby están tratando de hacer que el Gobierno y el Ministerio se sientan así”, afirma White.

Una institución privada que “se aprovecha de los pobres”
Uno de los grupos que aboga por la educación en ese país está de acuerdo con la decisión de las autoridades ugandesas de cerrar las escuelas de BIA.

Camila Croso, presidenta de Global Campaign for Education (GCE), le explicó a CNN que la calidad de sus colegios es “totalmente inadecuada e inaceptable”.

“Se están aprovechando mucho”, dijo. “Es ofensivo, porque están viendo a la gente pobre como un mercado rentable. El lucro y los derechos humanos son incompatibles”.

Salima Namusobya, directora ejecutiva de la Iniciative for Society and Economic Rights (ISER), también concuerta con el cierre y le dijo a CNN que las intenciones de BIA no eran sinceras.

Dice que “(BIA) llegó al país y no discutió con las autoridades ni estructuró un proyecto masivo” y que la privatización de la educación va en contra de los principios de los derechos humanos, particularmente si su objetivo es la gente más pobre. “Creo que hay cierto nivel de arrogancia en todo esto y realmente pienso que les importa el lucro y no ayudar a los niños”.

Educación ‘estandarizada’ y ‘libreteada’
Los críticos aseguran que los métodos educativos de BIA no son transparentes y que su acercamiento es “estandarizado” y “libreteado”.

“No se puede decir que lo que Bridge ofrece sea educación”, afirma Croso. “Muchas veces encuentras allí tecnología -como tabletas- en vez de profesores y recibes clases que siguen un libreto muy rígido que les dice a los profesores exactamente qué hacer y cuándo hacerlo, de tal manera que no tienes ningún grado de autonomía y no puedes improvisar”.

Según ella, los profesores necesitan entender los temas para poder exponerlos. “La educación no tiene nada que ver con la estandarización, tiene que ver con debatir, pensar y discutir”.

Croso dice que la sociedad debería exigirles a los gobiernos que no entreguen su responsabilidad de asegurar que lleguen todos los recursos necesarios para ofrecer una educación de calidad.

Namusobya, del ISER, cree que el modelo de BIA causa segregación entre los pobres y los ricos. Según ella, en los colegios manejados por el Gobierno todos los niños son tratados de manera igualitaria, pero el modelo de BIA solo se enfoca en los pobres.

“Solo lograrán interactuar entre ellos. ¿Cuándo tendrán interacción con otros niños? Es como si dijeran que esos niños, porque son pobres, merecen aprender en infraestructuras deficientes, merecen estar en clases en donde aprenden por ellos mismos y tal vez, algún día, puedan alcanzar a los ricos”.

“En Uganda no hay una adecuada oferta educativa”
En respuesta a las críticas recibidas, BIA argumenta que provee educación alternativa para estudiantes que, de otra manera, estarían obligados a aprender en colegios públicos, y asegura que solamente cobra 6 dólares mensuales por ello.

“Bridge existe para cientos de miles de padres que hoy no tienen una opción adecuada de educación para sus hijos”, afirma White. “Bridge existe para tratar de ayudar al Gobierno a enfrentar ese desafío, brindando soluciones innovadoras y rentables”.

Aunque 6 dólares mensuales pueden significar muy poco para algunos, varias ONG alegan que se trata de una suma importante para personas pobres. Pero White dice que BIA provee un “servicio efectivo y asequible” que los padres quieren para sus hijos.

“Los pobres son actores individuales que pueden tomar decisiones informadas sobre cómo gastar el dinero que ganan con tanto esfuerzo”, opina. “Los padres que tienen a sus hijos en Bridge han visto, en muy poco tiempo, que ellos están increíblemente comprometidos con su aprendizaje. Por primera vez esos padres ven que sus hijos quieren ir al colegio y hacen sus tareas cada día”.

Mientras BIA todavía no ha evaluado el rendimiento académico de sus estudiantes en Uganda, en Kenia esa organización asegura que sus estudiantes “superaron en alfabetización y lectura básica a los que aprenden en colegios públicos”.

“Tenemos un registro de éxitos académicos. El modelo es muy parecido en Uganda y esperamos que en el 2017 allí también puedan sobresalir”, dice White.

En cuanto a la tecnología, afirma que BIA la usa para ayudar a sus profesores a proveer una educación “holística”.

“Bridge no cree que la tecnología pueda reemplazar a un profesor. Invertimos millones de dólares para que nuestros profesores tengan los recursos y habilidades que les permitan ofrecerles a sus estudiantes la mejor educación posible”.

Y dice que si aquellos que han presionado para que la organización salga de Uganda “vinieran y se comprometieran” con su modelo de aprendizaje y enseñanza, “verían que es extremadamente interactivo” y que los profesores se entregan a sus alumnos y trabajan muy duro, tanto como con los mejores como con los más débiles.

La cofundadora de BIA, Shannon May, también le explicó a CNN de qué manera la tarifa que se paga en sus colegios y las donaciones son invertidas en el modelo educativo. “Todas las cuotas que se pagan en los colegios son invertidas en el funcionamiento y el mantenimiento de las escuelas”, dice. “Además, Bridge ha invertido casi 100 millones de dólares en educación y tecnología, en investigación y desarrollo, en gastos capitales para los colegios y en cubrir los gastos de funcionamiento, que son mucho más grandes que las tarifas que cobramos”.

Pero Croso, del GCE, afirma que independientemente de eso, tanto BIA como cualquier otra organización privada que busque mejorar la educación en Uganda debe trabajar dentro del marco de la ley de ese país.

“BIA sobresale y esta es una oportunidad para aprender de los errores”, dice.

Mientras el debate continuará en Uganda hasta la audiencia final, en diciembre, White asegura que es “reconfortante” ver cómo los padres se han comprometido con el modelo de BIA, en el poco tiempo que llevan de haber enviado a sus hijos a sus escuelas.

“Lo que estamos haciendo en Uganda es positivo. Podemos ver el impacto que tiene y queremos hacer todo lo que podamos para asegurarnos de que así seguirá siendo”.

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