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Putin preside el mayor desfile de la historia de Rusia en el Día de la Victoria

9 de Mayo de 2015 – Agencias.

Nunca desde la caída de la Unión Soviética la celebración de la victoria sobre el nazismo había dividido tanto a Europa y al mundo. A falta de líderes occidentales, ausentes en Moscú en los fastos por el 70º aniversario, en protesta por el papel de Moscú en Ucrania, el presidente Vladimir Putin se hizo flanquear en la tribuna del desfile en todo momento por su ahora principal socio, el presidente chino Xi Jinping. No importa que China, como casi todos los nuevos aliados de Rusia, sea un país histórica y culturalmente ajeno, les une la coyuntura geopolítica y el rival común, Washington.

Viaje al pasado. El fastuoso desfile recordó la escenografía de la Segunda Guerra Mundial. En él se mostró el más moderno armamento ruso. Reuters.

Viaje al pasado. El fastuoso desfile recordó la escenografía de la Segunda Guerra Mundial. En él se mostró el más moderno armamento ruso. Reuters.

Desde que Occidente le diese la espalda, Putin ha virado al Este en busca de alternativas, tanto políticas como económicas, y se esfuerza por cultivar el eje Moscú-Pekín, un contrapoder a lo que considera «el mundo unipolar» que impone EE UU. La fotografía de ayer es un mensaje, el de esa nueva alianza. Este año, por primera vez, desfilaron en la Plaza Roja soldados chinos (entre otras diez nacionalidades) y el líder ruso recordó en su discurso a «los millones de chinos que murieron en la misma guerra». Además de Jinping, otros 29 jefes de Estado y de Gobierno asistieron a la parada, entre ellos el venezolano Nicolás Maduro, el cubano Raúl Castro, el indio Pranab Mukherjee y el egipcio Al Sisi, que se reunió con Putin por la tarde. Aunque ayer el día tenía un carácter de celebración y homenaje a los caídos, el presidente ruso no se resistió a lanzar alguna pulla desde el atril. «Tras la guerra se creó la ONU y el sistema de legislación actual, para evitar nuevos conflictos. Sin embargo, recientemente fueron ignorados esos principios, hemos visto el intento de crear un mundo unipolar y cómo crece la mentalidad de bloques militares», dijo en clara alusión a Washington y a la OTAN, respectivamente.

No debemos olvidar, continuó, que las ideas de superioridad racial y exclusividad condujeron a la guerra más sangrienta de la historia. «La URSS recibió el golpe más duro del enemigo, todo su poderío militar fue enviado a Rusia y sus ciudadanos lucharon juntos por la libertad», recordó Putin, que mostró su agradecimiento a los pueblos de Reino Unido, EE UU y Francia (pese a la ausencia de sus líderes), por su contribución a la victoria sobre el nazismo, «un ejemplo de unidad de los pueblos por la paz y la estabilidad».

El viernes se celebró en Polonia un evento en recuerdo a los caídos, en el que el presidente Bronislaw Komorowski explicó con toda crudeza la posición oficial de Bruselas: «Quedan todavía en Europa fuerzas que nos recuerdan a los días más oscuros del siglo XX, que mueven fronteras y tratan a sus vecinos como vasallos, lo que no habíamos visto en el continente desde 1945. Por eso es difícil para nosotros celebrar con felicidad este aniversario».

Sin embargo, también hay voces en Europa que han criticado la ausencia de los líderes occidentales en Moscú, como la del ex presidente italiano, Silvio Berlusconi, que mantiene una fluida relación con Putin y que publicó ayer una carta abierta en el «Corriere della Sera». «Esa tribuna en la Plaza Roja, con los presidentes asiáticos y las ausencias europeas, no certifica el aislamiento de Rusia sino el fracaso de Occidente. ¿De veras pensamos, tras décadas de Guerra Fría, que es una apuesta estratégica lúcida la de aislar a Rusia, obligarla a optar por Asia y no por Europa? ¿Acaso conseguiremos así un mundo más próspero y seguro?», se pregunta.

En realidad, dos mandatarios europeos, el presidente checo y el primer ministro eslovaco, sí estuvieron ayer en Moscú, si bien no acudieron al desfile para evitar aparecer en la foto y romper la consigna comunitaria de aislamiento al Kremlin. Un funambulismo diplomático similar al de la canciller alemana Angela Merkel, que visita hoy Moscú para realizar una ofrenda floral en la tumba al soldado desconocido. Tras el desfile de ayer, Putin participó en la llamada «marcha del Regimiento Inmortal», una concentración en las calles de Moscú que congregó a casi medio millón de ciudadanos portando el retrato de algún familiar que combatió o pereció en la contienda. El presidente mostró una fotografía de su padre vestido de marinero.

En los días previos al aniversario se repartieron gratuitamente varios millones de lazos de San Jorge, emblema zarista de la victoria, que ha compartido paradójicamente protagonismo en los carteles con la estrella soviética, símbolos de regímenes antagónicos. No importa: en la campaña de patriotismo –alentada desde el Kremlin para unir a la población en el contexto de las sanciones internacionales– sirve todo mientras evoque tiempos pasados de grandeza del país.

Los actos por el 70º aniversario llegaron ayer a todos los rincones de la inmensa geografía rusa. En otras ciudades se celebraron también desfiles militares, lógicamente más modestos que el de Moscú, destacando el de Kaliningrado y la anexionada Sebastopol, en los que participó la fuerza naval, así como el de Volgogrado, antigua Stalingrado, que vivió la batalla más sangrienta de la historia, con tres millones de bajas. Hubo también parada en Lugansk y Donetsk, capitales de las repúblicas autoproclamadas de Donbás, pero no en Kiev, donde el Gobierno canceló ya desde el año pasado el desfile militar del 9 de mayo, donde en cambio sí se celebra el día de la independencia de la URSS, el 24 de agosto.

El presidente Petro Poroshenko hizo ayer una ofrenda floral a los caídos. Ucrania, cuyo Parlamento aprobó en abril una ley que equipara nazismo y comunismo, registró siete millones de bajas durante el conflicto, segunda nación más golpeada de la URSS tras Rusia, que perdió 14 millones.

Líderes de 30 países cercanos respaldan al «zar» ruso

El jefe del Kremlin estuvo flanqueado en la tribuna montada sobre el Mausoleo de Lenin por los presidentes de China, Xi Jinping, y Kazajistán, Nursultan Nazarbayev, además de los líderes de Cuba, Raúl Castro; Venezuela, Nicolás Maduro, y países como India (Pranab Mukherjee), Suráfrica (Jacob Zuma), Egipto (Abdel Fatah al Sisi), Zimbabue (Robert Mugabe) y Palestina (Mahmud Abás), así como el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien tuvo palabras elogiosas para Vladimir Putin: «Después del desfile vi que en las calles se quedaban cientos de miles de personas. He visto que daban la bienvenida a su Gobierno, vi que lo hacían con orgullo en sus caras. Por eso creo que usted se ha ganado todo este amor del pueblo», destacó Ban Ki-moon. El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, envió un mensaje a Putin deseándole éxito en la creación de una «Rusia poderosa». En total, Moscú acogió a una treintena de mandatarios de países cercanos a Rusia. Ningún líder de las grandes potencias occidentales aceptó la invitación del presidente ruso debido a la participación de Rusia en el conflicto de Ucrania. La canciller Angela Merkel aplazó su visita a Moscú a hoy, donde se reunirá con el presidente Putin.

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