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Reflexiones para Navidad. Por Sofía Mercado

“La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de la Navidad”. Calvin Coolidge

Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. Con el tiempo y la edad, uno agradece a Dios la posibilidad de llenar nuestros calcetines con nuestros pies. Dicho de otra manera, el paso de los años, las experiencias buenas y malas, la vida misma, nos enseñan a agradecer lo que muchas veces ya damos por hecho: la salud, el estar vivos. Y es que el agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien. Porque como decía Johann W. Goethe: “Si yo pudiera enumerar cuánto debo a mis grandes antecesores y contemporáneos, no me quedaría mucho en propiedad”. Sin gratitud, no somos nada y nada tenemos en realidad.

Los tiempos modernos, las prisas, la falta de tiempo, el consumismo, el egoísmo, la falta de humanidad nos llevan a olvidar el agradecimiento sincero por las cosas más esenciales: El alimento diario- (“Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo” Miguel de Cervantes). Olvidamos el milagro que es amanecer con vida al día siguiente. Hemos venido al mundo y eso es ya de por sí un honor y un maravilloso regalo. Olvidamos la bendición que significa tener salud e hijos sanos y padres vivos y hermanos incondicionales. Olvidamos que cuando la vida nos presenta razones para llorar, tenemos mil y una razones para reír. Porque todo el mundo trata de realizar algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas. Porque con frecuencia olvidamos la fuente que apagó nuestra sed, la palmera que le brindó frescor y sombra y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a nuestra esperanza.

“Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices -decía Marcel Proust,-son los jardineros que hacen florecer nuestras almas”. Y también seamos agradecidos con quienes a diario, nos enseñan una lección. Buena o mala. Porque de todos los acontecimientos se aprende. Porque no somos perfectos y los errores también nos enseñan.

La gratitud transforma nuestra rutina en días de fiesta. No hace falta hacer alarde de nuestras buenas acciones, de nuestras dádivas. No hace falta ir por la vida presumiendo de nuestra generosidad. Un simple pensamiento de gratitud sincera dirigido al cielo es la oración más perfecta.

La generosidad consiste en dar antes de que se nos pida. Pero también nos olvidamos de eso. Y a veces cuando nos damos cuenta, ya es tarde. Porque la vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.

Con el pretexto o a propósito de la Navidad que se aproxima, detengámonos a reflexionar y a evaluar lo que realmente vale la pena. Hagamos un alto en nuestras ajetreadas existencias para entender que sin gratitud, sin generosidad y sin compasión, nuestras vidas no son más que espacios huecos y vacíos, sin ningún significado.

Entendamos que en la vida, todo es amor y que si uno ama está vivo y si creamos amor, las cosas buenas forzosamente llegan. Entendamos que, como decía Pablo Neruda, si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida. Aprendamos a agradecer cada día, el milagro que significa existir.

Mis mejores y más cálidos deseos para todos ustedes y sus seres queridos en esta Navidad.

Por: Sofía Mercado

 

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