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Rousseff dice que está en juego «la voluntad soberana del pueblo»

12 de mayo de 2016 – Brasilia – Agencias.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, suspendida de su cargo por el Senado, afirmó hoy que en el juicio político al que será sometida no estará en juego su mandato, sino el “futuro” del propio país.

Arropada por quienes fueron sus ministros y colaboradores, Rousseff hizo un pronunciamiento en el Palacio presidencial de Planalto tras ser notificada de su suspensión y aseguró que sufre “la mayor de las brutalidades que se puede cometer contra un ser humano: castigarlo por un crimen que no cometió”.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff. Reuters

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff.
Reuters

Rousseff hizo un emocionado discurso pero supo mantener el temple para volver a denunciar lo que en su opinión es un “golpe”, frente al cual pidió a sus partidarios que se mantengan “movilizados, unidos y en paz“, porque “la lucha por la democracia no tiene una fecha para acabar”.

La mandataria, ya suspendida de su cargo durante los 180 días que puede durar el juicio político abierto hoy por el Senado, aseguró que esa decisión abre “un momento decisivo para la democracia” y el “futuro de la nación”, que es lo que se jugará en el proceso.

Rousseff evitó la condición de “suspendida” y dijo que se dirigía al país en condición de “presidenta electa” por los 54 millones de votos que recibió en los comicios de 2014, cuando fue reelegida para el segundo período interrumpido hoy.

Afirmó que “lo que está en juego ahora” no es su mandato, sino “el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo y la Constitución”, las “conquistas sociales de los últimos años”, la “esperanza” de los más pobres y también la enorme riqueza petrolera descubierta en aguas profundas del océano Atlántico.

Tal como ha hecho en los últimos meses, negó las acusaciones en su contra, fundamentadas en unas maniobras fiscales irregulares en que incurrió el Gobierno en 2014 y 2015, y aseguró que cuando se acusa a un gobernante sin pruebas, “en el mundo democrático se lo llama golpe”.

Insistió en que es objeto de un “proceso frágil, jurídicamente inconsistente e injusto, contra alguien que no ha cometido ningún delito” y reiteró que “no existe injusticia más devastadora que condenar a un inocente”.

También aseguró, en franca alusión al vicepresidente Michel Temer, que asumirá su cargo a partir de hoy, que “el mayor riesgo en este momento es que el país sea dirigido por los sin votos, aquellos que no fueron elegidos por la población y que no tienen legitimidad para enfrentar los desafíos” de Brasil.

Advirtió de que la gestión que encabezará Temer “podrá verse tentada a reprimir a quienes piensen distinto” y afirmó que ese nuevo Gobierno “será la gran razón para la continuidad de la crisis política” en el país.

“Tengo orgullo de ser la primera mujer electa presidenta de Brasil” y “lucharé con todos los instrumentos legales para ejercer mi mandado hasta el fin”, indicó Rousseff, quien dijo que “el destino siempre” le reservó duros desafíos.

Citó “el dolor invisible de la tortura” que sufrió en su juventud en las cárceles de la dictadura, y el dolor de un cáncer que le fue detectado en 2009.

“Conseguí vencerlos siempre, pero ahora sufro el dolor de la injusticia y lo que más duele es la injusticia, el percibir que soy víctima de una farsa jurídica y política” cuando “creía que ya no sería necesario volver a luchar contra un golpe”, declaró con la voz a punto de quebrarse y casi con lágrimas en los ojos.

No obstante, garantizó que “la lucha contra el golpe es larga, puede ser vencida y será vencida”, pues “se le probará al mundo que hay millones de defensores de la democracia” en Brasil.

“Nuestro pueblo sabe que la historia es hecha de lucha y que siempre vale la pena luchar por la democracia, que es el lado cierto de la historia”, declaró Rousseff, que podría recuperar el cargo si fuera absuelta en el proceso que enfrentará en el Senado.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, disolvió hoy su Gobierno tras ser separada del cargo por el Senado para responder a un juicio político, mediante un decreto publicado en el Diario Oficial en el que destituye a todos sus ministros y asesores. Informa Efe.

La lista de ministros destituidos la encabeza el expresidente y padrino político de la mandataria, Luiz Inácio Lula da Silva, quien llegó a ser designado titular de la cartera de la Presidencia en abril pasado, pero no llegó a asumir por una decisión del Tribunal Supremo, que suspendió su nombramiento.

Lula, a quien Rousseff pretendía llevar al Gobierno para tratar de recomponer su ya desgastada base política, no pudo asumir un ministerio debido a sus problemas con la justicia, que le investiga por diversos asuntos de alegada corrupción.

Tras una sesión que se prolongó durante más de 20 horas, el Senado decidió hoy, por una aplastante mayoría de 55 votos frente a 22, que Rousseff deberá ser suspendida del cargo durante al menos 180 días para responder a un juicio político con miras a su destitución, con lo que su lugar será ocupado por el vicepresidente, Michel Temer.

El decreto publicado hoy, seguramente el último firmado por la mandataria, oficializa la destitución de los 31 ministros que tenía el Gobierno de Rousseff y de muchos sus asesores directos.

Entre ellos figura Marco Aurelio García, un fiel colaborador de Lula y Rousseff que durante los últimos trece años se desempeñó como asesor personal de la Presidencia para Asuntos Internacionales.

El hasta ahora vicepresidente asumirá el lugar de Rousseff hoy mismo, sin ceremonias ni pompas, debido a la condición de interino que ostentará mientras no se defina el futuro de la mandataria.

Según él mismo declaró esta madrugada, cuando el Senado aún no concluía la votación, hoy mismo anunciará a los ministros que formarán su nuevo Gobierno.

El senador Romero Jucá, uno de los hombres más cercanos a Temer, ha adelantado que la intención es reducir el número de ministerios de los actuales 31 a por lo menos 22.

Jucá explicó que esa reducción apuntará a reducir el elevado gasto público y deberá ser una de las primeras medidas que Temer anuncie con la intención de comenzar a enderezar la maltrecha economía brasileña, que se encuentra en una aguda recesión.

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