Editorial

¿Será que “algo” se está cocinando?

Muchas personas se encuentran bastante preocupadas, si no decimos alarmadas, con la creciente actividad sísmica que se ha venido registrando recientemente en diferentes partes del mundo.

En las últimas semanas, han ocurrido temblores en Italia, Perú, Chile, Argentina, Colombia, México, por mencionar sólo algunos países; esto, aunado a otras noticias impresionantes, como la de las erupciones solares que durante este año pudieran causar serios daños a nuestras comunicaciones (si no es que fueran causantes de episodios mucho más trágicos), han puesto la voz de alarma en algunas mentes que alentadas por profecías míticas, calendarios mayas con su fecha estelar del 21 de diciembre del 2012, colocan a muchos de los creyentes y no creyentes en el camino de la duda. ¿Será que sí estamos avanzando hacia ese gran cataclismo del que muchos quieren hacer coincidir con los anuncios apocalípticos de las más importantes religiones y teorías sobre el gran cambio?

Volcanes que entran en erupción, como el volcán Tungurahua que recientemente entró en erupción en Ecuador, en los Andes ecuatorianos, o el volcán Pacaya de Guatemala o la reactivación de volcanes como el Popocatépetl en México o el volcán Nevado del Ruiz en Colombia en estos días presentes, nos dan nuevas campanadas de que algo está sucediendo o, mejor, de que “algo” se está cociendo.

Pero como si lo anterior fuera poco, nuestro astro rey, el sol, también está haciendo de las suyas y se está preparando dentro de su actividad cíclica para sacar lo mejor de su repertorio de llamaradas solares. Grandes manchas, preludio de magnas erupciones se han detectado, inquietando a científicos y astrónomos.

Alineaciones con el centro de nuestra galaxia forman también parte de estas creencias que nos dirigen a ese gran cambio del que hablan los mayas para el final del año.

Sin embargo, veamos la realidad de todas estas apuestas al fin de los tiempos desde un punto más objetivo y basado en datos estadísticos y razonamientos lógicos.

Los terremotos: Los terremotos y las condiciones meteorológicas extremas son parte de la regulación del sistema interno de la tierra. Aunque pueda parecer que están ocurriendo más terremotos, como de magnitud 7.0 o mayor, la verdad es que su intensidad y frecuencia se han mantenido relativamente constantes a lo largo de este siglo, pero según los registros que se tienen, han aumentado en los últimos años.

Una explicación parcial puede encontrarse en el hecho de que en los últimos veinte años, se ha aumentado de forma considerable el número de estaciones sismológicas en el mundo y las comunicaciones mundiales han mejorado muchísimo. En 1931, había cerca de 350 estaciones que operaban en el mundo. Hoy en día, hay más de 4.500 estaciones y los datos ahora vienen con una rapidez asombrosa desde estas estaciones, por télex, la computadora y el satélite. Este aumento en el número de estaciones y la recepción más oportuna de los datos ha permitido localizar muchos terremotos pequeños que no eran detectados en años anteriores, y además localizarlos con mayor rapidez.

El NEIC sitúa ahora cerca de 12.000 a 14.000 terremotos cada año, o aproximadamente 40 por día. También, debido a las mejoras en las comunicaciones y el creciente interés en los desastres naturales, el público aprende más acerca de los terremotos. De acuerdo con registros de larga data (desde alrededor de 1900), se espera que ocurran cerca de 18 terremotos importantes (7,0 – 7,9) y un gran terremoto (8, 0 o superior) en un año determinado.

Un incremento temporal en la actividad sísmica no significa que un gran terremoto va a suceder. Del mismo modo, la quietud, o la falta de sismos, no significa que un gran terremoto vaya a ocurrir. (Fuente: Vida Alterna)

El Sol: Esta estrella vecina a nuestro planeta puede invertir nuestros polos, esto es una realidad. Lo mismo, la tormenta solar que se espera para 2012 puede producir tormentas en la Tierra. Y sin embargo, también puede suceder que volcanes que están repartidos por el mundo hagan erupción, consecuencias del calentamiento global. O puede todo suceder por una cosa u otra. No lo sabemos. Pero el panorama no es motivador.

Por ejemplo, el supervolcán de Yellowstone, el primer parque nacional del país, donde ruge ahora mismo un volcán de gran magnitud. La posibilidad de que haga erupción tiene alarmados a los científicos que han colocado centenares de detectores sísmicos en sus inmediaciones. Y no es para menos: si hiciera erupción, posiblemente el 80% de la humanidad se vería afectada, y se produciría lo que Carl Sagan llamaba Invierno Nuclear: lluvias radiactivas transportadas por el viento, enfermando a seres humanos y animales, sin piedad. Lo peor sería la nube de cenizas que volvería irrespirable el aire, estropeando cultivos y la vida misma. El hemisferio norte se sumiría todo en una oscuridad tétrica llevando a la muerte a miles de personas.

Lo interesante de todo este asunto de supervolcanes es que el calentamiento global parece incidir de forma contundente en las erupciones (y muy posiblemente en la formación de manchas solares que escupen al universo, y especialmente la Tierra, indeseables partículas dañinas). Hoy día, el resultado de un volcán de características similares al las de Yelowstone, podría ser muchísimo más dañino: porque ahora tenemos repartidas en diferentes partes del mundo plantas nucleares, que de por sí, ya son lo suficientemente peligrosas contra la vida sobre la Tierra. Un estallido de volcanes, un movimiento de los polos, podrían significar reducir al planeta a una sopa radiactiva con todos sus seres humanos flotando en medio.

La pregunta es: ¿cuándo?, pero de que algún día va a suceder, de eso no hay duda.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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