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Sobrio undécimo aniversario del 11-S

El undécimo aniversario de los atentados terroristas del 11S, los más graves de la historia de EE.UU., transcurrió ayer de forma muy sobria y dominado por los anuncios de que las autoridades cerrarán dos viejas heridas: la conclusión del museo y el aumento de la atención médica a los enfermos.

La ceremonia de recuerdo y homenaje a las 2.983 víctimas transcurrió de forma discreta y serena, con doscientas personas (en turnos de dos parejas) que leyeron los nombres de los fallecidos en orden alfabético.

La lectura se interrumpió en seis ocasiones (las horas exactas en que se estrellaron los aviones y en que se derrumbaron las dos torres neoyorquinas) y se extendió durante casi cuatro horas.

Otras ceremonias paralelas, mucho más breves, tuvieron lugar en distintos puntos de la ciudad (como comisarías de policía, cuarteles de bomberos, la Autoridad del Puerto de Nueva York, o la empresa financiera Marsh&McLennan, que perdió a 295 trabajadores).

El museo y la atención médica
Pero más allá de la ceremonia, que transcurre año tras año con el mismo ritual, la novedad de esta ocasión fue que las autoridades de distinto nivel resolvieron, aunque sea con mucho retraso, algunas de las principales reivindicaciones de las víctimas y de las personas que trabajaron en lo que entonces se llamó la Zona Cero.

A última hora de la tarde del lunes, se anunció un acuerdo entre los estados de Nueva York y Nueva Jersey y la alcaldía de la ciudad para reiniciar la construcción del museo que recordará a las víctimas, detenida casi un año por disputas sobre la financiación de las obras y el mantenimiento del centro.

Los gobernadores de ambos estados, Andrew Cuomo y Chris Christie, comparten el control sobre la Autoridad Portuaria (dueña de los terrenos) mientras que el alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, preside la fundación del 11S.

Según las previsiones actuales, hace falta más de un año de trabajo una vez que las obras se reanuden, lo que hace bastante improbable que el museo se abra antes de 2014.

El anuncio se produjo pocas horas después de que las autoridades federales de salud anunciaran que van a incluir una cincuentena de tipos de cáncer a las enfermedades que sufren habitantes de la zona, miembros de los servicios de emergencia y trabajadores que participaron en el desescombro tras los atentados.

La decisión del doctor John Howard, director del Instituto Nacional para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, culmina una vieja reivindicación de muchos enfermos y activistas, convencidos de que ha habido muchos casos de cáncer contraído por respirar el polvo impregnado de toxinas tras el derrumbamiento de las torres.

Las torres serán sustituidas por la llamada Freedom Tower (Torre de la Libertad), cuya conclusión está prevista para dentro de dos años con un coste de unos 3.900 millones de dólares.

La torre, incluyendo la aguja, tendrá una altura total de 541,68 metros (la cifra simbólica de 1.776 pies, en honor al año de la Declaración de Independencia de EE.UU.). / Efe.

Foto: Una mujer graba el nombre de su sobrina durante una ceremonia para conmemorar un nuevo aniversario del 11S. / Efe.

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