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Toque de queda en Túnez para frenar las protestas de los jóvenes parados

23 de enero de 2016 – Agencias.

Un nuevo Mohamed Buazizi –el joven que con su inmolación hace cinco años desató la revolución tunecina– ha avivado las protestas en Túnez. La población está desesperada pues a pesar de todos los avances democráticos y derechos constitucionales logrados en estos cinco años post revolución, la situación de sus bolsillos no mejora. El joven Ridha Yahyaoui, de 28 años, murió electrocutado el sábado. Yahyaoui se había atado a un poste eléctrico durante una protesta. ¿El motivo? El joven de Kasserine (centro del país) quería denunciar que la Administración pública le había retirado de una lista de empleo. Desde su fallecimiento, las manifestaciones se han repetido por todo el país.

Varios soldados y un civil trasladan un herido durante las protestas en la localidad de Kasserine, en el centro de Túnez.

Varios soldados y un civil trasladan un herido durante las protestas en la localidad de Kasserine, en el centro de Túnez.

La falta de trabajo es precisamente uno de los grandes motivos por los que salieron a manifestarse hace cinco años los jóvenes, quienes con sus protestas lograron tumbar al Gobierno del dictador Zineelabidine Ben Ali. «Mi hijo es una víctima de la corrupción, de la marginación y de las promesas incumplidas», se quejó el padre del joven a la agencia Afp. En 2010, el paro rondaba el 12% y ahora ha subido al 15%, aunque entre los jóvenes las cifras son mucho mayores. Ya en noviembre, este periódico abordó las demandas de los expertos al Gobierno laico de Nidaa Tunis de reactivar la economía y realizar una reforma fiscal.

Uno de los grandes obstáculos a los que se enfrenta Túnez es que la economía sumergida supera el 50%. Amine Ghali, director del Centro para la Transición Democrática Al Kawakibi (Kadem), indica que el problema de la economía tunecina es que en los 90 no se llevaron a cabo las reformas pertinentes y aún arrastran ese retraso. En segundo lugar, la crisis económica mundial también ha afectado a la tunecina, pues sus principales compradores pertenecen a la eurozona. Y en tercer lugar está una cadena de consecuencias que se retroalimenta: la falta de oportunidades crea un caldo de cultivo para los terroristas, que con sus ataques a los turistas han provocado una caída severa del sector, lo que ha dejado sin empleo a miles de personas y resentido la economía del país.

Tras el quinto día de protestas, –que se han saldado con 59 policías y 40 manifestantes heridos– el Ministerio del Interior decretó el toque de queda en todo el país desde las 20:00 hasta las 5 de la mañana. Las autoridades aseguran que adoptaron esta medida drástica después de que las manifestaciones se extendieran el jueves por las principales ciudades de todo el país, cuando numerosas comisarías de Policía y otros edificios oficiales fueron atacados.

Ayer, desde París, el primer ministro tunecino, Habib Essid, señaló que el problema no tiene nada qué ver con democracia, sino con la economía. «Hemos lanzado una serie de políticas para intentar resolver este asunto, que es uno de los principales retos de este Gobierno». Essid, de visita en El Elíseo, reconoció que «no tenemos una varita mágica. No podemos resolver el desempleo de una tirada». Francia ha prometido una ayuda de mil millones de euros en los próximos cinco años, centrada principalmente en las zonas pobres del interior de Túnez y en la juventud.

«Empleo o revolución» es el cántico que se escucha en las protestas en las calles tunecinas. «El nuevo Gobierno, como los otros que surgieron después de 2011, no tiene visión, ni programa, ni objetivos en el largo plazo. Sólo quieren gobernar a los dóciles y silenciosos tunecinos, algo que ya no es una opción», afirma Raouda Ben Othman, analista política y profesora de Universidad en Túnez. «Desafortunadamente, las condiciones económicas son muy poco favorables. El turismo ha menguado y el número de desempleados y, especialmente, el de parados universitarios ha aumentado», continúa Ben Othman.

Para la analista tunecina, la clave reside en que «los ministros nombrados en este Gobierno se eligieron por su partidismo y lealtad y no por cuestiones como la eficiencia, el conocimiento o la experiencia». Ben Othman reconoce que cualquiera puede admitir que en Túnez hay muchísimos obstáculos y reformas a las que enfrentarse, pero «claramente este Gobierno podría haberlo hecho mejor».

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