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Trump enfurece a Pekín al aprobar una ley sobre Hong Kong

Miles de hongkoneses se reunieron en la plaza de Edimburgo para celebrar la decisión de Trump.

La norma protege a los manifestantes. El régimen chino convoca al embajador de EE UU y advierte de represalias en un momento en que las dos potencias negocian el levantamiento de las sanciones económicas

28 de noviembre de 2019 – Hong Kong – Agencias.

Con las linternas de sus móviles alzadas y agitándolas mientras entonaban el himno oficioso de las protestas, miles de hongkoneses se dieron cita ayer en pleno corazón de la ciudad para agradecer al presidente de EE UU, Donald Trump, la ratificación de la Ley de Derechos Humanos y Democracia en Hong Kong.

Con su firma, el magnate incendiaba la ira de China, al sacar adelante una norma que, aunque sin efecto a corto plazo, significa el apoyo expreso de Washington a las protestas que sacuden la ex colonia británica desde hace cinco meses. Una «abominación absoluta» que responde a «intenciones absolutamente siniestras» a ojos de Pekín, que amenazó con tomar represalias ante lo que considera una inexcusable interferencia en los asuntos internos de la nación asiática.

«Esta ley, que ha sido denunciada por el pueblo chino y también por los compatriotas hongkoneses, está llena de prejuicios y arrogancia», afirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores, Geng Shuang. «Viola las normas básicas del derecho internacional y de las relaciones entre países», añadió. Con su reacción, el gigante asiático dejaba claro que si hay algo que realmente molesta a China es que se entrometan en sus asuntos, y para que a ninguna de las partes les quedara duda, puso a toda su maquinaria a trabajar.

Los medios estatales se hicieron rápidamente eco de semejante afrenta. «No debemos dejar ningún espacio para la interacción entre la oposición radical de Hong Kong y el Gobierno estadounidense. Tendrán que actuar solos y responsabilizarse de las consecuencias, y que no sueñen con que lograrán coaccionar a Pekín», rezaba el diario «Global Times».

Mientras, el embajador estadounidense en el país, Terry Brandstad, era convocado por las autoridades chinas –por segunda vez esta semana– para advertirle de que si Washington continúa por el mismo camino, supondría el final de la colaboración bilateral en diferentes sectores y echaría por tierra el probable acuerdo con el que frenar la guerra comercial entre ambas potencias.

En las últimas semanas, Pekín y Washington han estado inmersas en negociaciones para poner fin a una guerra comercial que dura ya año y medio y que amenaza la estabilidad económica mundial. Por eso, muchos esperaban que Trump no diera el paso final para aprobar una norma que, con total seguridad, iba a enfurecer a su rival. Sin embargo, no hacerlo se antojaba complicado, puesto que la aprobación de la ley había contado con el apoyo de los dos grandes partidos norteamericanos.

Hace unas semanas, fue aprobada en el Senado, y después pasó también sin problemas por el Congreso, donde el Partido Republicano del presidente tiene mayoría. Por eso, tras el visto bueno a la normativa, el viceministro de Exteriores chino, Le Yucheng, urgió a Washington a «corregir su error» y no aplicar la ley para no «perjudicar más las relaciones y la cooperación» entre las dos mayores economías del planeta.

El texto firmado ayer fue recibido con júbilo por numerosos ciudadanos hongkoneses. Permite imponer sanciones a los individuos o colectivos que no respeten los derechos humanos en la ciudad china. Asimismo, incluye una revisión periódica del estatus comercial preferente concedido por Washington a este territorio semiautónomo, una concesión que ha permitido a la metrópoli convertirse en capital financiera de Asia y ser la puerta de entrada del 70% de la inversión extranjera que llega a la China continental.

Para mayor malestar de Pekín, la aprobación de la ley llega justo después de las elecciones municipales en la ciudad y ha supuesto otro espaldarazo más a los partidos prodemocracia, que el pasado domingo ya vencieron de manera arrolladora al bloque oficialista.

El peor momento para Pekín

Los resultados tampoco sentaron nada bien en Pekín, que aunque ha exigido mano dura y restaurar el orden en este territorio administrativo especial, ha dejado en manos –por ahora– de la jefa del Ejecutivo, Carrie Lam, la gestión de la mayor crisis política a la que se enfrenta la excolonia desde que volviera a manos chinas en 1997.

Pese a la advertencia de China, los analistas creen que es poco probable que Pekín tome represalias y eche por tierra las conversaciones comerciales con EE UU, aunque el portavoz del Ministerio de Defensa chino, Ren Guoqiang, indicó que el Ejército Popular de Liberación está «decidido y listo» para salvaguardar la soberanía de China y la estabilidad a largo plazo de Hong Kong si así era necesario, lanzando una nueva advertencia a manifestantes y fuerzas externas.

Por su parte, el Ejecutivo de la ex colonia británica afirmó que la firma de la ley «enviará una señal errónea a los manifestantes», al tiempo que aseguró que este tipo de acciones «unilaterales» de Washington tendrán un impacto negativo en su relación con Hong Kong y en los intereses estadounidenses.

Sin embargo, los miles de hongkoneses que protagonizaron la marcha festiva por la decisión de Trump, no pensaban lo mismo. Sonó el himno de EE UU varias veces y se vitoreó al presidente. Fue una concentración pacífica solo enturbiada al final, cuando agentes antidisturbios pidieron la documentación a dos jóvenes, que se negaron y fueron arrestados.

Esto fue interpretado como una provocación por los testigos, que empezaron a insultar a los policías, que decidieron replegarse. Al filo de la medianoche, miles de hongkoneses seguían concentrados en Central. Con carteles de agradecimiento y como si de su bandera se tratara, ondeaban orgullosos enseñas norteamericanas «made in China».

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