La nación

Trump militariza las escuelas

El presidente de EE. UU., Donald J. Trump (i), durante una sesión de escucha con estudiantes y profesores de secundaria, en el comedor estatal de la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.) / EFE.

«Un aula libre de armas es un imán para las personas malas», sostiene en un encuentro con los familiares de las víctimas del tiroteo de Florida

23 de febrero de 2018 – Agencias.

n uno de sus característicos arranques de oratoria pirómana, el presidente Trump negaba ayer que quiera armar a los maestros. No y no. En realidad, y como respuesta a los frecuentes tiroteos y matanzas en los centros educativos de EE UU, sólo había pedido que se considere la posibilidad de que algunos maestros, bien escogidos, simultaneen la labor docente con la autodefensa y las labores de vigilancia y respuesta activa violenta ante la posible aparición de alguien armado y peligroso. Sus palabras, altamente inflamables, desplazaron toda la actividad informativa del día. Normal, habida cuenta de que el inquilino de la Casa Blanca aspira a entregar «pistolas a maestros expertos en armas, con experiencia militar o especialmente entrenados». Es decir, «sólo a los mejores». «Con el 20% de los maestros», abundaba, «bastaría para repeler inmediatamente los disparos si un enfermo salvaje llega a la escuela con malas intenciones. Los maestros altamente capacitados también servirían para disuadir a los cobardes que hacen esto. Más eficacia y a un coste mucho menor que los guardias. Una escuela «libre de armas» es un imán para las personas malas. ¡LOS ATAQUES TERMINARÍAN!».

Pero si alguien pensaba que la retorica dinamita del presidente sería el único aderezo del día a la polémica por el control de armas, entonces le faltaba por encontrar, a las pocas horas, el memorable discurso de Wayne LaPierre. Vicepresidente de la Asociación Nacional del Rifle (ANR), LaPierre llegó más lejos. Durante la Conferencia por la Acción Política Conservadora, la reunión anual que se celebra desde 1973, acusó a quienes abogan por el control de armas de enemigos de la libertad. Para el hombre de la ANR, sencillamente, aspiran a esconder bajo la alfombra los fallos de seguridad en las escuelas y colegios. Y así, una vez disimuladas las negligencias de quienes debieran de velar por la seguridad de los escolares, pasar a la ofensiva para limitar los derechos que ampara la Segunda Enmienda de la Constitución.

«Como de costumbre», dijo, «los oportunistas no esperaron ni un segundo para explotar la tragedia con fines políticos (…) Odian a la ANR. Odian la Segunda Enmienda. Odian la libertad individual». La culpa, claro, de unos activistas que aprovechan la confusión de los padres a los que acaban de matar a sus hijos, el desbarajuste emocional de los supervivientes, el pánico de los testigos, para mejor amoldarse a una agenda propia de los países europeos.

Como es habitual en estos casos, y los precedentes son abundantes, LaPierre alertó contra quienes, de llegar al poder, harán de la República un gulag o peor. Liberticidas que al impedir que los ciudadanos pueden comprar fusiles de asalto distraen «del fracaso de la familia e incluso del FBI». Trump, entretanto, seguía con sus mensajes. Se basa en que, sostiene, las matanzas en los colegios no duran más de 3 minutos, mientras que la Policía y los servicios de emergencia tardan en llegar, de media, entre 5 y 8 minutos. ¿La solución? Obvia. Los maestros con pistola bajo el pupitre, bien entrenados, duchos en el manejo de armas, capaces de ir de la geometría al campo de tiro y del análisis sintáctico al zafarrancho de combate, liquidarían al potencial asesino sin pestañear. Al cabo, dijo, ningún loco homicida se atreverá a pisar los colegios de América si supiera que allí le espera un cuerpo de maestros capaz de liberar Alepo. Algo, claro, que difícilmente sucederá si olvidamos que Wayne, «Chris [W. Cox] y el resto de gente que trabaja tan duro en la ANR son Grandes Tipos y Grandes Patriotas Americanos. Aman a nuestro país y harán lo que sea correcto. HAGAMOS AMÉRICA OTRA VEZ GRANDE!».

Finalmente, volvió a insistir en que trabajará para lograr que sean más severos los controles de antecedentes penales, los exámenes mentales de los candidatos a comprar un arma y subir la edad mínima de los compradores para adquirir un arma. Nikolas Cruz compró un AR-15 con 19 años.

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