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Trump y Kim ya pisan el mismo suelo

El presidente de EE UU, Donald Trump, a su llegada a Singapur / Foto: EFE.

Trump y Kim se citan en Singapur para un encuentro histórico en busca de la desnuclearización coreana

11 de junio de 2018 – Agencias.

El presidente estadounidense, Donald Trump, estimó hoy que cree que las cosas irán “muy bien” en su cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, que tendrá lugar mañana martes en Singapur.

“Como sabe, tenemos una reunión muy interesante mañana concretamente y creo que todo va a salir muy bien”, declaró Trump al comienzo de un almuerzo de trabajo con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong.

Trump expresó a Lee, el líder de la ciudad-estado que acoge la cumbre de este martes: “Agradecemos su hospitalidad, su profesionalidad y su amistad”.

El presidente estadounidense mantuvo una breve reunión a solas con Lee, que también recibió este domingo a Kim, y después un almuerzo bilateral junto a miembros de sus respectivos equipos.

Poco antes del encuentro, Trump había escrito en su cuenta de Twitter que había “entusiasmo en el aire” en Singapur ante su esperado encuentro con el líder norcoreano.

La Casa Blanca ha anunciado hoy la delegación que acompaña a Trump en este viaje, y que incluye al secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, que ha mantenido ya dos reuniones con Kim en Pyongyang; y al asesor de seguridad nacional del presidente, John Bolton, cuyas declaraciones sobre la cumbre han irritado a Corea del Norte.

También están en Singapur el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly; la portavoz de Trump, Sarah Huckabee Sanders; el asesor de política nacional del presidente, Stephen Miller; la “número dos” de Bolton en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Mira Ricardel; y el encargado de Asia en ese órgano, Matthew Pottinger, entre otros.

El presidente estadounidense, Donald Trump, aterrizó ayer en Singapur, donde mantendrá una histórica cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong Un, que podría sentar las bases para poner fin a su enfrentamiento nuclear. El «Air Force One» tocó tierra en la base aérea singapurense de Paya Lebar tras un largo vuelo desde Canadá, donde Trump asistió al conflictivo encuentro con el G-7. Trump saludó pimero a las cámaras desde la puerta del avión y, luego, fue recibido por el ministro de Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnan. Kim, que llegó varias horas antes, se reunió con las autoridades del país asiático tras ser acompañado por un complejo despliegue policial. «El mundo entero está pendiente de esta cumbre histórica», declaró el líder norcoreano.

Cuando hace un año por estas fechas Pyongyang llevó a cabo un ensayo de misiles como respuesta al despliegue del escudo antimisiles estadounidense en Corea del Sur, nadie podía imaginar que tanto iba a cambiar la situación en la Península. 2018 iba a llegar lleno de sorpresas. Entre ellas, la cumbre entre Trump y Kim, que tras numerosas idas y venidas está ya a la vuelta de la esquina.

En la agenda de mañana, la firma de un posible tratado de paz, la negociación del cese de unas sanciones internacionales que han ahogado económicamente al régimen comunista y la desnuclearización, principal escollo entre ambas naciones. Cada gesto contará en un encuentro histórico del que dependerá la estabilidad de una región amenazada hace tan solo cinco meses con una posible guerra nuclear.

Exitosa o no, no hay duda de que en el caso de Kim se trata del sueño de una dinastía. Desde que accediera al poder en 2011, el joven líder no sólo ha culminado su programa nuclear, sino que ha situado a la tiranía hereditaria más hermética del mundo en el escenario internacional, un logro del que sus progenitores, que tan sólo consiguieron reunirse con ex presidentes norteamericanos, estarían orgullosos. Para ello, Kim ha abonado bien el terreno. Desde reunirse con su homólogo surcoreano, Moon Jae In, y visitar en dos ocasiones al líder chino, Xi Jinping, a realizar diversas concesiones como la suspensión de su carrera atómica, la liberación de rehenes estadounidenses y el desmantelamiento de un sitio nuclear con periodistas internacionales como testigos.

Con esta sorprendente actitud conciliadora ha tratado de frenar a la de su contraparte norteamericana, quien llegó a cancelar la cita a finales de mayo de manera unilateral argumentando la «hostilidad» del régimen norcoreano debido a sus críticas a Washington. No le faltaba razón, ya que Pyongyang había tachado de «ignorantes y estúpidas» las declaraciones del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, que había asegurado que, si no se llegaba a un acuerdo con EE UU, el régimen Juche podría acabar como el «modelo libio», lo que hizo a Kim volver a sacar a la palestra la amenaza nuclear. Aquel rifirrafe se saldó de nuevo con otra tanda de buenas palabras por parte de Pyongyang, que instó a EE UU a sentarse a solucionar los problemas y Washington le tomó la palabra.

Mucho se ha especulado sobre las razones que han llevado a ambos mandatarios hasta aquí. Mientras unos apuntan a que Kim está reaccionando a la coacción y presión ejercida por las sanciones económicas y amenazas militares de EE UU, otros consideran que su motivación se debe a sus logros en el desarrollo nuclear y de misiles, que le permiten ahora centrarse en una economía que necesita de la inversión extranjera.

Para Balbina Hwang, ex asesora principal del Departamento de Estado, en el caso de Trump los motivos son «bastante simples». Según explicó, «a Trump no le mueve la ideología», por lo que lograr un mínimo entendimiento ya le supondrá una gran victoria en política exterior. Para él «todo se mueve alrededor de hacer un trato, el conflicto no le molesta y cambiar de opinión tampoco. Siempre debe ganar y tener éxito». No obstante, uno de los principales motivos que le han llevado a sentarse a la mesa es el compromiso con la desnuclearización ofrecido por el Reino Ermitaño, algo que era condición «sine qua non» para lograr un cara a cara.

«Habrá que leer cuidadosamente la declaración conjunta de esta cumbre, si ambas partes están de acuerdo con el significado de la desnuclearización», afirmó a este diario Hoo Chiew Ping, profesora de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales en la Universidad de Malasia. Mientras que para Washington se trata del desmantelamiento exclusivo del programa norcoreano, para Pyongyang significa la eliminación completa de los activos nucleares tanto en la totalidad de la Península como en las áreas circundantes que pueden incluir a Japón. El secretario de Estado Mike Pompeo dijo que en una de sus reuniones Kim le ha manifestado su «disposición» a una desnuclearización completa.

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