Editorial

Un momento para mirar el 2016, que ya… es historia

10 de enero de 2017 – Por: Jairo Vargas – Director Latino-News

Llegamos nuevamente a la fecha en que marca nuestra mente el fin y el comienzo de un ciclo, las doce de las noches del 31 de diciembre, cargado de gran simbolismo, muchos de ellos ligados a supercherías heredadas de tiempos que lindan con creencias paganas, rituales, costumbres y supersticiones distintas para recibir el año nuevo.

Las doce uvas, las maletas, ropa interior amarilla, las lentejas, ropa roja, etc., son tradiciones que nos han llegado de diferentes países europeos y que traen como único objetivo: “traer” la buena fortuna, el amor, la salud, el dinero; situación que no se diferencia de los que buscan en los chamanes, brujos y toda esta estirpe de estafadores,
mejorar su calidad de vida, pero que cuando lo hacen a las doce del 31 de diciembre, no les parece tan malo ni tan en contravía de sus creencias religiosas o ¿quién no inculca en los niños ese viejito bonachón de barba blanca que todos conocen como “Papa Noel” o Santa Claus”?; que ya lo endiosan y le rinden toda clase de culto. Costumbre pagana ensalzada por el comercio para incrementar obviamente sus ingresos; pero que los más pequeños creen a raja tabla: que es “Santa” el que trae los regalos y no obviamente, papá, mamá, familiares y amigos los que los compran.

Pero volviendo a la fiesta de fin de año sus tradiciones como mencioné arriba son importadas de otros países como las de comer uvas, posiblemente de España, como burla de la gente pobre, que por allá en 1882 se encontraba en difíciles condiciones económicas, contra los más ricos que comían uvas y Champagne en la festividad de fin de año
y que unos años más tarde, otras regiones aprovecharon para vender sus excedentes de uva y como todos sabemos, le atinaron.

Sí el 2016 se caracterizó por las sorpresas protagonizadas por el Brexit y Donald Trump y el plebiscito colombiano a favor del NO, entre otras noticias que dejaron a muchos sorprendidos por los resultados. El año en que Europa ha consolidado su desprestigio donde las terribles imágenes de Alepo y de toda Siria, que muestra como la población de este país ha sido masacrada por su propio Gobierno con la ayuda de otros, en que la xenofobia, el nacionalismo y la miopía se han impuesto sobre la razón práctica, el año en que las barcazas copadas de inmigrantes que huyen de su miseria y de la muerte buscando un lugar donde rehacer sus vidas y donde el fondo del mar fue su último refugio, su tumba; La violencia policial, también fue el protagonista este 2016; un año donde tristemente los terroristas vistieron de luto países por sus abominables actos enmarcados de extremismo religioso; donde en muchos lugares el paro y la pobreza se instalaron entre sus pueblos con la espontaneidad de una catástrofe natural.

Nos queda por rescatar que las únicas buenas noticias han provenido de la ciencia. En mitad del caos y la desesperanza, el conocimiento ha progresado con más firmeza que nunca. Esta es nuestra única asa en medio de tantas noticias malas. Todos consideraban el siglo XX como el de la física, y se ha augurado el XXI como el de la biología. Pero lo cierto es que la física sigue sorprendiéndonos con los descubrimientos extraordinarios que colocan la tecnología humana más allá de los límites del pensamiento del siglo pasado. El mayor descubrimiento de 2016, según un consenso difícil de cuestionar, ha sido el de las ondas gravitatorias, una predicción de la relatividad general de Einstein que el propio Einstein consideró imposible de confirmar (en eso se equivocó). La gravedad no es una fuerza instantánea, como pensó Newton, sino que se propaga en forma de ondulaciones del espacio-tiempo que viajan a la velocidad de la luz, como predijo Einstein. Es un paso de gigante en el conocimiento que, como es habitual, abrirá un nuevo continente de exploración y progreso. Pero también es cierto que la biología está en un momento espléndido, y sobre todo en dos campos que prometen aplicaciones clínicas a medio plazo: la edición genómica y la reprogramación de células. En el primer caso, la estrella se llama CRISPR, y consiste en un sistema tan simple, eficaz y versátil que ha puesto la modificación del genoma humano (y de cualquier otro) al alcance de cualquier laboratorio de genética del planeta. Pero este año no se puede hablar solo de física y biología, porque la inteligencia artificial ha irrumpido con poderío en la actualidad científica y tecnológica. Drones, robots y automóviles, por no hablar de teléfonos, relojes y casi cualquier otra cosa, exhiben ya notables habilidades cognitivas: hacen cosas que serían consideradas inteligentes si las hubiera hecho un humano. Y los ordenadores se han hecho en 2016 con el título mundial de Go.

En este 2016 hubo buenas, malas y pésimas noticias, como casi todos los últimos años.

Démosle la bienvenido al 2017, donde mi deseo es que la paz y la felicidad llegue a todos.

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