Ciencia y Tecnología

Un nuevo colisionador escrutará la «partícula de Dios»

En una década estará lista una nueva herramienta que ayudará a comprender en su totalidad los descubrimientos del LHC y arrojará más evidencias sobre la nueva Física que proclaman ya los científicos tras el hallazgo del Bosón de Higgs esta semana

7 Julio 12 – – Pilar Pérez

Ahora que la «partícula de Dios» está en manos de la Ciencia, ésta da un paso más. A la luz de los resultados anunciados esta semana por el CERN (Centro Europeo de Física de Partículas), que la comunidad científica ha recibido con gran alegría, a la vez que pide prudencia, se da el pistoletazo de salida a la construcción de un nuevo colisionador que vendría a revelar los detalles del bosón de Higgs, entre otros secretos aún ocultos de lo que muchos científicos denominan ya la «nueva Física».

El futuro Colisionador Lineal Internacional (ILC) estará formado por un consorcio internacional de países. Alberto Ruiz, investigador del Instituto de Física de Cantabria (IFCA), explica que «se busca una cooperación mundial, un paso más allá de los que hasta ahora se han hecho sólo en Europa o EE UU. Un proyecto que englobe a todos los países del mundo».

De momento no hay un calendario que marque los pasos a seguir, pero los expertos consultados por A TU SALUD afirman con rotundidad que antes de final de año habrá un anuncio oficial, «ya que pese a que se encuentra avanzado, se estaba esperando a la confirmación del hallazgo del bosón para continuar con esta iniciativa», como apunta Carlos Lacasta, investigador del Instituto de Física Corpuscular (IFIC).

Una vez solucionados los aspectos financieros, que correrán en su mayor parte a cargo de Japón –unos dos tercios del total –, las obras podrían empezar en 2016, según ha estimado François Richard, el fundador y primer representante de la Comisión Europea de Futuros Aceleradores (ECFA) para los estudios mundiales de Física y detectores del Colisionador Lineal Internacional (ILC), como se conocerá a este dispositivo. Richard anunció este proyecto durante su intervención en el encuentro de Cantabria Campus Nobel, una cita organizada por la Universidad de Cantabria y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), hace un par semanas.

¿Por qué otra máquina?

Los científicos aseguran que será un dispositivo que complementará al Gran Colisionador de Hadrones (LCH), «el cual estará en funcionamiento hasta 2030», como explica, Carlos Pajares, delegado científico de España en el CERN y que será necesario para determinar con precisión procesos que hasta ahora pasaban desapercibidos. Así, esta suerte de «microscopio» observará los procesos más sutiles que se desarrollan al chocar las partículas.

El ILC es un acelerador de partículas, todavía en fase de diseño, pero con una serie de proyectos en mente. Esta máquina será más grande, unos 35 kilómetros de largo –unos 310 campos de fútbol–, y contará con la presencia de dos partículas: electrones y positrones, a diferencia de sus predecesores, LHC y el Tevatrón, donde sólo se chocaban protones. Desde el ILC aseguran que la gran precisión de sus colisiones electrón-positrón permitirían «actuar como un telescopio para explorar energías mucho más allá de las que cualquier acelerador nunca podría alcanzar directamente», como subraya Barbara Warmbein.

«Los sucesos serán más pequeños, dado que la energía empleada será menor , unos 500 GeV –gigaelectronvoltio–, sin embargo serán más limpios y más fáciles de analizar, ya que emplearemos una tecnología más avanzada para ello», explica Ruiz. «Ahora que sabemos en qué circunstancias aparece el bosón, podremos reproducirlas en el ILC y medir con más detalles cómo es y sus características principales», añade este experto. De esta modo, se pueden exprimir todos los resultados obtenidos hasta ahora al máximo para sacar las bases de la nueva Física.

Aplicaciones prácticas

Del mismo modo que con el LCH se obtienen beneficios en otras áreas de la vida, como en la Medicina, como apunta Lacasta, «habrá tratamientos que “quemen” las célula cancerígenas de forma mucho más localizada y detectores para monitorizar en tiempo real el tratamiento de forma que se pueda saber dónde está actuando el haz de protones o iones en el paciente».

La tecnología del ILC podrá ser empleada para estudiar, por ejemplo, propiedades biológicas, mejoras en el almacenamiento de datos en los sistemas informáticos, un mejor control de la corrosión de materiales, los implantes médicos e, incluso, los sistemas de arranque de los aviones, entre otros. «Conoceremos hasta los detalles que por ahora esconde el Universo y sus rincones más remotos», como apunta Warmbein.

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