Latinoamérica Hoy

Venezuela, el gulag de Maduro

Ángel Sastre.

La última víctima fue el alcalde de Caracas Antonio Ledezma, quien fue detenido el jueves a golpes, por hombres encapuchados que allanaron sus oficinas sin orden de detención. Durante horas estuvo desaparecido sin que se presentasen cargos contra él. Ayer su abogado confirmó que el alcalde de Caracas había ingresado en Ramo Verde, la prisión militar en la que permanece encarcelado otro dirigente opositor, Leopoldo López. También informó de que el Tribunal número 6 de Caracas había admitido a trámite los cargos de asociación para delinquir presentados por el Ministerio Público. Si es hallado culpable podría pasar entre seis y ocho años de prisión. Eso en el mejor de los casos. Su compañero Leopoldo López lleva un año en prisión sin un juicio previo. Venezuela se parece cada vez más a un gulag.

Un manifestante denuncia el arresto de Ledezma ayer en Caracas.

Un manifestante denuncia el arresto de Ledezma ayer en Caracas.

Las denuncias por detenciones ilegales y torturas contra opositores han sido una constante desde que comenzaron las manifestaciones contra el Gobierno de Nicolás Maduro hace ya más de un año. Hay otros casos como el de Leopoldo López –hace un año detenido–, cuya esposa Lilian Tintori ha asegurado en múltiples ocasiones que se encuentra completamente aislado, no le permiten recibir visitas y donde también ha sido víctima de abusos policiales. En la cárcel de Ramo Verde, apodada como el «búnker», también permanecerá preso Ledezma. Las denuncias de abusos son continuas, el pasado 5 de febrero a pocas horas de ser liberado de la cárcel de Ramo Verde, el ex director de la Policía Municipal de San Diego en Carabobo, Salvatore Lucchese, denunció las torturas a las que fue sometido durante el tiempo que permaneció recluido en el penal. «23 horas al día encerrado en una celda, tres meses y medio incomunicado, eso no se le hace a un ser humano. Fueron diez meses y quince días de horror» aseguraba. Otros activistas como la abogada defensora de los derechos humanos e integrante de la ONG Foro Penal Venezolano, Tamara Sujú Roa, lo describe como uno de los mayores centros de detención: «En ‘la tumba’, cinco pisos por debajo de la superficie, no hay sonidos, no hay ventanas, no hay luz natural ni ventilación. Sólo se escucha el paso del metro, encima de la cabeza. Las celdas de dos por tres metros están alineadas de forma continua, una detrás de la otra, por lo que los detenidos no pueden verse», narra a medios locales. «Los detenidos pasan las 24 horas del día encerrados, vigilados por cámaras y micrófonos. Sólo estiran las piernas cuando tocan un timbre interno para ir al baño, y hay veces en que no los sacan, por lo que tienen un bote previsto para esa emergencia», añade. Desde el inicio de protestas se han denunciado 59 casos de torturas, según informa el Foro Penal Venezolano. «Son casos de tortura, no de excesos o tratos inhumanos», asegura el director de la organización, Alfredo Romero. No se trata de casos aislados, sino de un patrón de actuación. «Hay la intención de colocar a todo aquel que manifieste como un enemigo de guerra, lo que da pie para hacer cosas fuera del orden de la ley», indica Gonzalo Himiob, también directivo de la organización. La cifra total de detenidos políticos (entre opositores y líderes estudiantiles) ya asciende a 98, según el Himiob. Todo parece indicar que la próxima será Machado, dirigente de importante peso dentro del entramado político venezolano y quien, junto a Leopoldo López y Antonio Ledezma, había firmado el «Llamado a los venezolanos para un acuerdo nacional para la transición», el 11 de febrero.

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