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Aislamiento internacional a Maduro tras su farsa

Nicolás Maduro celebró ayer la victoria en las presidenciales y dijo que va a iniciar un proceso de reconciliación y diálogo con la oposición / EFE.

El líder chavista dice haber obtenido el 72% de los votos en unas elecciones con una abstención récord
EE UU y el G-20 anuncian más sanciones contra Caracas y 14 países americanos estudian retirar a sus embajadores de Venezuela

22 de mayo de 2018 – Agencias.

En las inmediaciones del Palacio de Miraflores todavía quedan restos de la fiesta oficialista. Hubo rap, reguetón e incluso el presidente Nicolás Maduro se animó con el baile, envalentonado por la victoria. Todo bien regado con ron y cerveza, pese a la ley seca que todavía imperaba. Y es que la resaca una vez abran los ojos será terrible, ya que la gloria se queda en casa, el resto del mundo la desconoce. Las elecciones presidenciales registraron la menor participación en la historia del país caribeño. El líder de la revolución bolivariana consiguió 6,1 millones de votos que representan el 30% del censo de votantes y logró sacar casi 50 puntos porcentuales de ventaja a su contendiente más cercano, el ex gobernador Henri Falcón. Aun así, Maduro obtuvo 1,7 millones de votos menos que en la elección anterior de 2013. Se trata de cómo se mire, claro, porque pese a que se registró un 52% de abstención, el líder bolivariano sacó el 72% de los votos. Y Maduro prefiere ver el vaso medio lleno, pecando incluso de hereje. «Ni Chávez lo vio», profanó el hijo pródigo.

Ayer, en Miraflores, entre gente con camisetas y banderas con los rostros de Chávez, Fidel, Che Guevara e incluso Perón, apareció un Maduro seguro y emocionado. El vicepresidente Diosdado Cabello, quien en alguna ocasión soñó con destronarlo, sonreía en segundo plano.

Horas después, el dirigente opositor Henrique Capriles urgió a todos los sectores de la oposición a unirse nuevamente para poder vencer a Maduro. «Ha llegado el momento de volver a accionar juntos y es urgente», dijo en una carta publicada en Twi-tter. «Sólo tres de cada diez venezolanos habilitados para votar apoyan a Maduro», apuntó en la red social el analista electoral Eugenio Martínez sin dejar de mencionar que al menos el 70% de los venezolanos «no votaron por la reelección». A juicio del coordinador de la encuestadora Venebarómetro, Édgar Gutiérrez, el resultado anunciado, al igual que el proceso electoral previo, está marcado «por la opacidad y la falta de garantías».

Pese a su baja popularidad y la severa crisis que sufre el país petrolero, Maduro se impuso con comodidad a dos rivales poco reconocidos debido a la ausencia de las principales figuras opositoras en los comicios, la prohibición de varios partidos y la ayuda que supuso la entrega de alimentos subsidiados y bonos a los votantes. Sus dos contrincantes, el ex gobernador Henri Falcón y el pastor evangélico Javier Bertucci criticaron los resultados, denunciaron irregularidades y pidieron nuevas elecciones.

«¡La revolución llegó para quedarse!», proclamó un exultante Maduro. Pero el presidente de la farsa sabe que la revolución se asfixia, tanto dentro como fuera, ahora que la comunidad internacional parece decidida a apretar el lazo en torno a su cuello. «Si lo que podemos comprar ahora es yuca y sardina, con otros seis años con Maduro como presidente no comeremos nada. Ésa es la patria que nos han dado hoy los chavistas», se quejaba la ama de casa Luisa Madrid, de 61 años, en la ciudad de San Félix.

Fuera, la condena de las elecciones se extendió por todos los continentes. El Grupo de Lima, formado por 14 naciones americanas, anunció que no reconocerá los resultados. Por ahora, llamarán a consultas al embajador de Caracas y podrían retirar a los suyos y cerrar fronteras a los ciudadanos venezolanos. Además, decidió coordinar acciones para que los organismos financieros internacionales no otorguen préstamos a Caracas. Por su parte, la Casa Blanca afirmó que estudia nuevas sanciones sobre el sector petrolero, algo que podría complicar aún más a la economía monoexportadora venezolana. «La elección de Venezuela fue una farsa. EE UU está en contra de la dictadura y con el pueblo de Venezuela pidiendo elecciones libres y justas», dijo el vicepresidente, Mike Pence.

La Unión Europea ya había advertido de que tampoco considera democrático el proceso. El presidente Mariano Rajoy expresó a través de Twitter que en los comicios venezolanos no se habían respetado los «mínimos estándares democráticos» y añadió que España estudiaría tomar las medidas oportunas con sus socios europeos. También Argentina, Australia, Canadá, Chile, EE UU y México acordaron, en el marco de la cumbre de ministros de Exteriores del G-20, una declaración para «desconocer» la victoria de Maduro ante la «falta de legitimidad» de las elecciones y amenazaron con aplicar sanciones económicas y financieras.

No obstante, Rusia y China, aliados comerciales e ideológicos de Caracas, salieron al paso para defender la continuidad en el Ejecutivo venezolano y con un llamamiento de no injerencia a EE UU. El ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, muy criticado por la oposición por defender a Maduro, dijo que el resultado «abunda aún más» en la necesidad de «un proceso a fondo, urgente, de diálogo político» en el país para superar las diferencias entre Gobierno y oposición».

Ante los augurios opositores y de la comunidad internacional sobre una implosión dentro de la revolución bolivariana o una cercana salida del poder, Maduro pidió que no lo subestimen: recordó que carga con estas amenazas desde que está en al palacio presidencial y ahora tiene otros seis años para hacerlo.

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