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Así es el «torpedo del juicio final», el arma nuclear rusa más potente jamás creada

Fuentes estadounidenses confirman que Rusia estaría desarrrollando un torpedo termonuclear gigante de 100 megatones de potencia

Podría generar un tsunami de 500 metros de altura y destruir por completo cualquier ciudad causando una profunda devastación

19 de enero de 2018 – Agencias.

Se sabía de su existencia. Al menos los rumores estaban ahí. Hace un par de años se oyó hablar por primera vez del Status-6 en los medios de comunicación rusos. Se supone que se filtró por error después de que en noviembre de 2015, durante un reunión entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y miembros del Ministerio de Defensa de este país, un cámara grabase una de las páginas en las que se hablaba del proyecto.

Ahora, algo más de dos años después, fuentes estadounidenses confirman que, efectivamente, Rusia está desarrrollando un torpedo termonuclear gigante de 100 megatones de potencia, más del doble que el arma nuclear más poderosa detonada hasta la fecha.

El torpedo del juicio final, como ya ha empezado a ser conocido, alcanzaría una velocidad de 100 nudos (unos 185 kilómetros por hora) y tendría un alcance de hasta 10.000 kilómetros, siendo la profundidad máxima de operación de 1.000 metros. Según los servicios de inteligencia de Estados Unidos, estos torpedos podrían ser lanzados desde el nuevo submarino ruso Khabarovsk, que podría llegar hasta seis de disparo frontal.

El Status-6, que podrían incluso incorporar cobalto-60, un elemento altamente radioactivo que deja las áreas que contamina inhabitables para el ser humano durante un periodo de hasta 100 años, alcanzaría la costa del país al que vaya dirigido y podría generar un tsunami de 500 metros de altura, de tal modo que podría destruir por completo cualquier ciudad causando una profunda devastación tierra adentro.

Ahora, Estados Unidos ha pasado a calificar esta potente arma rusa como “un arma real que podría representar una amenaza para Estados Unidos” y podría estar incluso replanteándose su política de rearme nuclear. Uno de los problemas principales que se encuentran las fuerzas armadas estadounidenses es que, mientras que tienen tecnología suficiente para que un sistema antimisiles neutralice una amenaza desde el aire, incluso aunque sea lanzada desde un submarino, en este caso, al tratarse de un arma submarina no tripulada, no existe ningún dispositivo ni sistema capaz de “parar” el Status-6.

A diferencia de los misiles balísticos, el torpedo del juicio final no emite señales de advertencia a los enemigos. Además, aunque fuese interceptado en aguas cercanas a la costa del país “objetivo”, su detonación sería lo suficientemente destructiva como para provocar también daños enormes, pues generaría un tsunami en cualquier caso: sería capaz de provocar olas de entre 101 y 228 metros de altura a una distancia de 18,5 kilómetros del epicentro de la explosión.

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