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El dólar, la inflación y el déficit…Argentina no se libra de sus fantasmas

Mauricio Macri durante una rueda de Prensa en la Casa Rosada, en Buenos Aires.

Macri pide ayuda al FMI como último recurso

11 de mayo de 2018 – Agencias.

La relación entre el FMI y Argentina es uno de esos vínculos que nunca se rompen. Viene de lejos. Su vínculo empezó en 1957, cuando el gobierno de la “Revolución Libertadora” peronista pidió un préstamo de 75 millones de dólares para facilitar una devaluación y un ajuste fiscal. Lo consiguió con relativa facilidad. Ahora, seis décadas después, la historia se repite.

Tras una semana de incertidumbre económica, el presidente argentino Mauricio Macri, anunció mediante un mensaje de vídeo grabado en la Casa Rosada la petición de un rescate financiero que algunos medios locales cifran en 30.000 millones. “Esta decisión la he tomado pensando en el mejor interés de todos los argentinos, no mintiéndoles como tantas veces lo han hecho. Cumpliendo con los compromisos y alejándonos de la demagogia y la mentira, estoy convencido que el camino que tomamos va a lograr un mejor futuro para todos”, explicó. Su decisión confirmaba lo que los mercados intuían desde hace semanas: el plan económico de Macri no funcionaba.

Macri llegó al poder en 2015, poniendo punto y final al oficialismo que había gobernado el país durante los últimos doce años. El que fuera dos veces alcalde de Buenos Aires tomaba las riendas del país con un ambicioso plan económico bajo el brazo: reducir el gasto público para bajar el déficit y lograr una mayor eficiencia en la administración. Pero sus esfuerzos han tropezado con los fantasmas argentinos: el dólar, la inflación y el déficit.

Heredó un país con unas lecturas de inflación por encima del 30% y un elevado déficit debido a la gran cantidad de subsidios y la existencia de aranceles a la exportación de productos agrícolas, el ‘motor’ de las exportaciones argentinas. “Las cuentas públicas estaban en rojo intenso y el tipo de cambio controlado de manera artificial”, explica Gregorio Saichin, experto de Allianz GI.

Gracias al apoyo en las urnas y un escenario macro favorable, Macri empezó a hacer reformas. Se propuso cambiar el marco institucional del país, eliminó los impuestos a la exportación, devolvió al Banco Central de la República de Argentina (BCRA) su independencia para fijar las medidas de política monetaria e inició una serie de reformas fiscales, laborales y de pensiones. En los primeros años de gestión fue capaz de controlar ligeramente la inflación, pero el final de las ayudas, el aumento del precio de los servicios (solo el transporte se apuntó un 100% desde su llegada) hicieron mella en el bolsillo de los argentinos que no dudaron en salir a la calle para mostrar su descontento.

Tras haber agotado sus herramientas políticas y verbales, acudir al FMI como último recurso podría permitir normalizar la situación. De hecho, Christine Lagarde confirmó este viernes que están trabajando con rapidez para lograr un acuerdo sobre asistencia para el país tras la visita del ministro argentino de Hacienda, Nicolás Dujovne, a Washington. Tras el grito de auxilio al FMI, el ministro argentino de Finanzas, Luis Caputo, anunció que el Ejecutivo se encuentra asimismo en conversaciones con el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). El préstamo que podría recibir el país del FMI será un línea de crédito Stand by que permite al FMI “respaldar” las políticas que “ayuden a salir de las crisis” a los países que lo soliciten y su duración “generalmente” abarca un período de entre 12 y 24 meses. El más duro y el que no querían.

¿Cómo ha llegado el país a esta situación? Entre los motivos de esta enésima crisis financiera está la fortaleza del dólar que no solo está golpeando al país austral sino también a gran parte de los países latinoamericanos. “El Banco Central de la República Argentina (BCRA) elevó la tasa de interés del 27,75% al 40% y obligó a los bancos argentinos a liquidar cualquier exceso en su capital por encima del 10% en dólares (actualmente estimado en 30%). Aunque ambas medidas habrían funcionado normalmente, existe la percepción de que las reservas son bajas y de que se agota la política monetaria para proporcionar este shock de confianza”, asevera Saichin. Después de la entrada de grandes flujos e inversores extranjeros de 2017, el cambio nominal se depreció mucho más que la inflación. Y he aquí el segundo de los grandes problemas estructurales de Argentina.

Pese a que controlarla era uno de los objetivos del presidente, la inflación sigue siendo excesiva. De hecho, es el país con la segunda inflación más alta de la región después de Venezuela. En 2016, se situó en un 40% y se moderó hasta el 24,7% en 2017. Aun así, el objetivo de Macri era que el aumento de los precios se limitara al 17% en su segundo año en la Casa Rosada. Así las cosas, la inflación terminó pasando factura al Ejecutivo al situarse ocho puntos por encima del objetivo del presidente argentino.

El otro gran error de la administración Macri fue el anuncio de un impuesto del 5% sobre las inversiones en bonos argentinos en pesos, que tuvo impacto sobre inversores locales y extranjeros y llevó a una reducción de las posiciones en estos bonos. Al añadir una sorpresa de la inflación al alza y el refortalecimiento del dólar, el resultado ha sido una fuerte presión sobre el peso argentino, que obligó a la mencionada subida de tipos de urgencia.

Por último, el déficit fiscal es otro de los problemas que heredó Macri en 2015. El desfase entre ingresos y gastos que dejó la “era Kirchner” rondaba el 6% del PIB. Además, el país estaba fuera de los mercados internacionales por lo que se financiaba directamente con la emisión de moneda por parte del Banco Central. “Argentina necesitaba un shock de confianza para estimular a los inversores a generar inversión extranjera, un mejor clima de negocios para estimular el crecimiento y un acceso continuo a los mercados de capital. Con el alto nivel de endeudamiento, este plan no estaba preparado para el aumento de los tipos, la subida del precio del dólar y el incremento de los costos de la energía. Ninguno de estos tenía una alta probabilidad de tener lugar a finales de 2017”, indica el experto.

La pregunta ahora es qué consecuencias tendrá este nuevo escenario en el futuro político del presidente. “Si Macri puede retener los gastos relacionados con las pensiones, pagará un costo político menor a medida que nos acercamos a las próximas elecciones presidenciales en 2019. Si la administración es capaz de ahorrar o impulsar la economía hasta el próximo año para estabilizar el déficit alrededor de 3 o 4%, entonces tiene una mayor posibilidad de estabilizar la nave”, concluye el experto.

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