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El banco del Vaticano denuncia un fraude millonario

10 de octubre de 2017 – Roma – Agencias.

El Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el banco vaticano, ha comunicado el comienzo de una acción civil contra terceros ante la justicia de Malta por daños sufridos en operaciones de inversión. La noticia, sin la información básica y muy breve, llega desde la oficina de prensa de la Santa Sede, pero señala a dichas terceras partes como “responsables de haber causado daños significativos al IOR en relación con determinadas operaciones de inversión en las que el Instituto había participado”.

El daño se produce a través del fondo de inversión Ad Maiora, según ha publicado La Stampa. Un fondo que habría dilapidado “notables cantidades de dinero tanto debido a malas inversiones como por las elevadísimas cifras pagadas en comisiones y asesorías”, según denunciaron los periodistas Emiliano Fittipaldi y Gianni Barbacetto en junio de 2016. Concretamente, las inversiones habrían alcanzado los 230 millones de euros.

El IOR arrastra un largo historial de opacidad y acusaciones de blanqueo de capitales. Benedicto XVI se propuso aumentar su transparencia con varias reformas y el nombramiento del banquero Ettore Gotti Tedeschi. Pero los escándalos no cesaron y el papa Francisco ha dedicado enormes esfuerzos desde su llegada a poner orden en las cuentas y, sobre todo, a cerrar aquellas más sospechosas. Por eso el comunicado de la Santa Sede también asegura que “esta iniciativa confirma el compromiso en favor de la transparencia asumido por el IOR de denunciar, en las sedes competentes, las potenciales irregularidades cometidas contra él”.

La Santa Sede quiere ahora marcar distancias con el pasado y advierte de la voluntad de “tomar, como en este caso, cualquier medida apropiada para proteger sus intereses financieros y su reputación también fuera de las fronteras de la Ciudad del Vaticano”. El problema es que cada vez que se propone poner orden a las finanzas o aumentar la transparencia, comienza una guerra que se cobra algunas cabezas, como la de los últimos directores del IOR o la del revisor general de las cuentas, Libero Milone. Dicho auditor dimitió el pasado junio, pero denunció el pasado septiembre que lo había hecho bajo la amenaza de ser encarcelado. La Santa Sede, en cambio, aseguró que Milone se había dedicado a espiar la vida personal de los empleados del Vaticano. A propósito de este caso, Burke añadió que el IOR pretende de este modo “aceptar la responsabilidad por abusos del pasado”.

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