México

Muerte en la playa

7 de agosto de 2017 – México – Agencias.

Lo ocurrido este domingo en la playa de Palmilla, entre Cabo San Lucas y San José de los Cabos, recuerda al atentado de Túnez de junio de 2015 cuando un comando islamista acribilló a decenas de turistas que tomaban el sol. Pero lo que allí fue una salvajada extraordinaria, aquí en México empieza a ser desgraciadamente rutina. En Baja California Sur, no hubo locos de Alá, sino lo que parece un ajuste de cuentas a tiro limpio entre narcotraficantes, a plena luz del día, a pleno sol, en plena hora de comer, en plenas vacaciones en este país, que causó el pánico entre los bañistas mexicanos y extranjeros. Una balacera en la que murieron tres personas, todos hombres, y resultaron heridas otras dos, un hombre y una mujer que tenía un bebé en los brazos, que resultó ileso, según informan medios locales.

Eran las 13.43 horas (en Baja California Sur, una hora menos que en el resto del país) de un tórrido día festivo, cuando, según varios testigos, al menos cinco sujetos armados con fusiles de asalto irrumpieron en la popular playa, una de las más bellas y que aloja algunos de los más exclusivos resorts de México, y dispararon a quemarropa contra las seis personas que estaban bajo la sombra de una palmera, a la entrada de la playa, a escasos metros de un hotel de lujo. Fue un minuto de disparos y de horror. Los cuerpos de las víctimas quedaron desparramados sobre la blanca arena del Pacífico y solo se oían los gritos de pánico y las carreras de los turistas que huyeron despavoridos. Los asaltantes se esfumaron de la escena del crimen con la misma celeridad con la que entraron. La policía tardó media hora en llegar.

La playa quedó vacía, solo acompañada por el rumor de las olas y el azul turquesa de sus aguas, hasta que fue acordonada por las fuerzas de seguridad. “Empezamos a oír disparos y corrimos a refugiarnos a un sitio seguro. Eran como ráfagas de armas automáticas”, aseguró un turista británico a la cadena BBC. “Escuchamos los balazos y empezamos a correr para protegernos”, aseguró un visitante oriundo de Ciudad de México a la agencia France Presse. Más de 24 horas después de unos hechos que han disparado aún más la inquietud entre los habitantes, aún no se conocen las identidades de las víctimas ni de los agresores. Nadie ha sido detenido. La Procuraduría General de Baja California Sur no se ha pronunciado sobre el ataque y se ha limitado a emitir un comunicado al que ha tenido acceso este periódico en el que se informa de que ” en el lugar de los hechos se encontraban tres personas de sexo masculino sin vida por proyectil de arma de fuego. A un hombre y una mujer, los servicios de emergencia los trasladaron a un hospital de la localidad para su atención médica”. Los supervivientes están gravemente heridos, según varios medios.

Hace no tanto, Baja California Sur, destino de millones de turistas de alto poder adquisitivo, sobre todo estadounidenses, era una isla de calma y tranquilidad en medio del mar de violencia y víctimas que inunda la República mexicana (12.000 muertos este año, más de 100.000 desde que empezó la llamada “guerra contra el narco” y unos 23.000 desaparecidos). Incluso era el refugio de muchos mexicanos de los violentos Estados vecinos que, en busca del trabajo que genera el turismo, se instalaban allí en lugares como Loreto o en los propios Cabos, huyendo del terror. Pero en solo siete meses de 2017, la idílica y espectacular punta de la península californiana ya ocupa un deshonroso cuarto lugar en la lista de Estados con más homicidios: 279, un 369% más que en 2016 y el primer puesto en extorsión (133 casos, una tasa del 16,42 por cada 100.000 habitantes). Este fin de semana ha sido uno de los más sangrientos, con nueve muertos en total.

Los expertos achacan a la guerra entre células de los carteles de Sinaloa y Tijuana Nueva Generación por hacerse con la plaza el incremento de la violencia en el Estado que, desde 2014, ha ido viendo cómo las cifras de muertos se disparaban: 52 en 2014, 135 en 2015 y 196 en 2016. Las cifras varían, aunque fuentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado hablan de 667 homicidios en estos años. La inquietud de los turistas y del sector hostelero crece en paralelo. Las balas no casan bien con el sol y el descanso. La amenaza continúa.

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