La nación

Trump se retira del Pacto de Naciones Unidas sobre migración

El presidente de EE UU, Donald Trump, en el aeropuerto John F. Kennedy / Reuters

4 de diciembre de 2017 – Agencias.

No es la primera espantada del presidente norteamericano, Donald Trump, de un acuerdo internacional, pero sí sirve para cristalizar su visión de «América Primero». Estados Unidos anunció que abandona el Pacto Mundial de Naciones Unidas sobre la protección de inmigrantes y refugiados, debido a que la Administración Trump considera que no es compatible con los intereses y prioridades nacionales.

La renuncia de EE UU se produjo a través de una misiva de la embajadora del país en la ONU, Nikki Haley, al secretario general, Antonio Guterres, y coincide con la cumbre internacional sobre este acuerdo global que está prevista que se celebre en los próximos días en México. Un país severamente castigado por la retórica del presidente norteamericano desde su campaña electoral, con el que se pretende construir un muro para frenar la inmigración ilegal y con el que renegocia el Nafta, el acuerdo de libre comercio. Durante las elecciones acusó a los mexicanos de «violadores» y «asesinos». También prometió que el país vecino costearía la construcción del muro fronterizo. La tensión entre los dos países provocó que el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, tuviera que cancelar a principios de año un viaje a Washington tras los repetidos intentos de humillación de Trump a cuenta de la financiación de la frontera. La embajadora de EE UU ante Naciones Unidas publicó un comentario en Twitter en el que subrayó que «Estados Unidos está orgulloso de nuestro legado de los inmigrantes y de ser líderes en proporcionar apoyo a los exiliados y refugiados en todo el mundo. Pero -prosiguió- nuestras decisiones sobre política migratoria tienen que ser siempre hechas por los estadounidenses y sólo por los estadounidenses. Ya decidiremos nosotros cómo controlar mejor nuestras fronteras y a quién se permitirá entrar en nuestro país». También reitera que el pacto mundial sobre la protección de los inmigrantes y refugiados «contiene numerosas provisiones que no coinciden con las políticas migratorias y de refugiados de Estados Unidos».

El acuerdo de Naciones Unidas se adoptó en septiembre de 2016 y el entonces presidente norteamericano, Barack Obama, se adhirió con la firma de la Declaración de Nueva York cuando apenas le quedaban cuatro meses en la Casa Blanca. Entonces, los líderes de los 193 países miembros de Naciones Unidas intentaron sentar las bases para un acuerdo global ante las crisis migratorias que se debería empezar a adoptar a partir de 2018.

El desmantelamiento del legado del presidente demócrata ha sido una de las líneas de actuación del actual inquilino de la Casa Blanca y así lo expresó durante la campaña electoral. Trump recogió el voto de los norteamericanos desilusionados con la política tradicional, que se sentían abandonados como consecuencia de la globalización, la inmigración y los cambios demográficos del país. La decisión se enmarca dentro de su restrictiva política migratoria con el controvertido veto a seis países de mayoría musulmana (Siria, Irán, Libia, Sudán, Somalia y Yemen). También ha levantado la protección a los inmigrantes ilegales que entraron a Estados Unidos siendo menores y que se conocen como «dreamers» (soñadores).

En esta misma línea, en septiembre planteó la reducción del número de refugiados para el próximo año a 45.000 personas. Un corte muy significativo sí se compara con la política de Estados Unidos sobre este asunto en previas administraciones.

La retirada del acuerdo sobre migración de Naciones Unidas se suma a la retirada de otros grandes pactos multilaterales como el acuerdo comercial de Asia Pacífico (TPP); el pacto del Clima de París; el abandono de la Unesco y el amago de salida de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Trump justifica las salidas como una muestra de su deseo por renegociar acuerdos más beneficiosos para sus ciudadanos, pero desde el mundo académico y político se observa un inquietante abandono de la potencia norteamericana de la escena internacional arrojado por una tentación ultranacionalista. Con estos movimientos, EE UU arriesga perder su liderazgo en el orden liberal.

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